Amarelinha

‘Tieta, tienes un diente un poquito más amarillo que los otros’, me ha dicho mi sobrina mientras pintábamos extraterrestres entre la risa y un montón de pipi de perro flotante. ¿A qué edad dejamos de decir todo lo que pensamos? Lo llaman adaptación, pero a veces llega al aburrimiento, y a las temidas cosas de adultos. ¿Sabes, cuándo eres una niña todo el mundo te manda?, me ha dicho. En lugar de negar su evidencia le he explicado que lo peor es que a los adultos también nos mandan, en el curro, con las normas de conducción y educación, y en un montón de relaciones que una aprende a ir llevando. ¿Y entonces, qué? Así que la he abrazado, tras un año sin poder estar juntas, y le he dicho que justo en este momento, como en muchos en los que somos felices o bastante felices, nadie nos está mandando. La libertad es una sensación cósmica, son momentos en los que todo es posible y que nos van marcando el camino. Hemos recogido las pinturas de la mesa, me ha ayudado a regar las plantas, hemos jugado al dominó, y le hemos dado de cenar al perro. Tieta, sería capaz de comerme tres bolitas del apestoso pienso de Obichuelo solo por volver a salir sin esta mascarilla, me ha dicho en el ascensor. ¿Y que de paso se acabara este maldito coronavirus para siempre?, le he preguntado. Eso sería fantástico, sí. Le he enseñado mi diente un poco amarillo al sonreír y casi nos da un ataque de risa. Ojalá los adultos tuviéramos estas conversaciones siempre, pienso ahora al llegar a casa. ¿Sabéis? No he podido evitar llorar al volver, que yo no he podido ni podré tener hijos pero doy gracias al cielo por poder ser tieta. ^—*_¡A continuación la preciosa canción del post, dedicada a ellas!

ES 1

Birds on a Wire | La Marelle (Amarelinha)

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