Cuando se vive y un cuarto

Este es mi cuarto, el de pensar. Durante la pandemia compré una elíptica y la coloqué en su esquina izquierda pero no se ve porque es fea. Escribo al atardecer, cuando ya he terminado todo lo que quería y no quería hacer, todo lo que debía y no debía hacer. Me siento en la silla, y empiezo por imaginar qué título le pondría al día. Hace años que censuro ciertas partes, por intimidad y paciencia, así como me raciono la actualidad. Me anima, y a veces desanima, recordar los anécdotas o pequeñas situaciones del día que han marcado su rumbo. Situaciones, objetos, sonidos, personas, mensajes, sabores, imágenes. Por mucho que intente cuidarme la pandemia nos recluyó, y no es fácil lidiar con el sedentarismo. Sigo un poco ‘meh’, aunque la costura y el diseño me salvan. ¿Sabéis? Tengo un miedo muy tonto, tan tanto que no sé si es positivo o negativo, y es que después de 9 años viviendo sola creo que me encanta vivir sola. Y, como anécdota del día, recordaré que hoy he ido a la óptica y me he comprado unas gafas graduadas muy elegantes, porque a los 39 ya toca un toque de estilismo chic. Que el cuerpo envejece pero pensar es divino. Un abrazo, de cuarto a tanto. ^—*_¡A continuación una poesía de Candela de las Heras que me ha encantado, sobre ‘cuando vives solo’!

Candela de las Heras y su poesía preciosa:

«cuando se vive solo
la fecha de caducidad
o de consumo preferente
es un reloj un calendario
aviso temporal de que las cosas
se pudren de manera irremediable

sé que no durará mucho el sabor
de tu carne en mi lengua
prefiero el placer de imaginar
el preciso momento en que te coma.»

CANDELA DE LAS HERAS

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