jul
18

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¿Cuándo fue la última vez que lloraste?

julio-dadanoias

Cuando te sientas en la butaca de un psicoterapeuta es una sensación parecida a la que uno siente al enfrentarse a una hoja en blanco, aunque esa hoja en blanco tenga un formato .doc y la butaca sea de cuero. Empezar siempre es lo más difícil, hay tantas cosas que contar, y todas tan personales, que… ¿Por dónde empiezo? Lo más sencillo suele ser por el final.

 

julio dadanoias ¿Cuándo fue la última vez que lloraste?

 

Lo último que te ha pasado en la vida, lo que has descubierto hace poco, o la muerte. A veces, si eres más experimentado, cuando ya te encuentras por el nudo, hasta puedes tirar de libreta y de todas esas frases y pensamientos sueltos que vas apuntando en ella, justo para desarrollar la historia. Esta es la parte más dura del texto, del libro o de la terapia. En la que de verdad debes empezar a enfrentarte a ti mismo y a los personajes que te acompañan, ya sean reales o ficticios. O las dos cosas a la vez, también. El nudo es el presente.

 

Ayer le dije, por primera vez en cinco meses de terapia, el título de la novela que estoy escribiendo a mi psicoterapeuta, y me puse a llorar a lágrima viva. Aunque eso no es raro, porque lloro cada día. Porque antes de ayer un buen amigo me confesó que se notaba que yo no me había enamorado nunca de verdad. Cuando mi terapeuta me comentó que lo que sucede es que suelo mantener relaciones simbióticas, un tipo de relación que a veces se confunde con el amor. Más allá del amor de pareja.

 

julio dadanoias2 ¿Cuándo fue la última vez que lloraste?

 

Hoy he ido a una charla de Rafael Santandreu en el Abacus de mi ciudad, dedicando sus reflexiones casi en exclusiva al tema de los ‘celos’. Porque en cada charla a Rafael le gusta centrarse en un aspecto en concreto de la psicología, y hoy era este, vinculándolo luego al de la infidelidad. ¿Sabíais que los celos tienen mucho más que ver con el sentimiento de posesión que con el de inseguridad? De hecho las personas celosas no suelen ser inseguras. Sorprendiéndome con sus experiencias, argumentos y enrojeciéndome hasta sonreír por dentro. Luego, al final, le he preguntado algo muy íntimo y personal, olvidando a todos los demás. Como si más que la presentación de su libro fuese una terapia de grupo, tan especial que he alucinado. Claro que su respuesta a mi pregunta ha sido contundente y divertidísima, aunque nada tuviese que ver con el principio, ni el título de este post. ^—*_Isn’t it true?

 

 

eddie vedder – broken heart.mp3

 

jul
17

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El brazo izquierdo de Viridiana

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viridiana08 El brazo izquierdo de Viridiana

Estoy despistada, por decirlo finamente. Una condición de ausencia que tiene como consecuencia la pérdida de algunas de mis extremidades, con su consecuente búsqueda. Que hoy he encontrado mi brazo izquierdo en la carretera perpendicular a mi piso. ¡Menos mal! Aunque luego, cuando ya había recuperado ese trocito de mí, me ha llevado su tiempo limpiarlo, arreglarlo y volvérmelo a colocar correctamente en el tronco. A veces, al encajarlo siento un dolor horrible, como el de cuando te muerden demasiado fuerte al follar. Ay, las extremidades: los brazos y las piernas.

 

Cada vez que algo raro ha pasado en mi vida, ya sea que metiese un mechero en la lavadora y luego siguiese funcionando, que me dejase un novio o algo mucho más terrible, que se me han caído todas estas extremidades de golpe. Y es un rollo, justo a partir de ese momento. Porque me veo sin brazos, aunque vuele igual, aunque me vuelva exploradora. De hecho, los que me conocen, mi familia y más allegados, se asustan un montón al verlo en directo. Ay, cuando eso pasa, me muero de vergüenza. ‘¡Eo, soy un Tronco’, imagino que digo sin abrir la boca. Como mi perro, que se llama Tronco. Que la mayoría se van, o se van lo suficientemente lejos para que nos les veas si eres tú, aunque ellos  sigan allí para siempre. Y otros se quedan, ya sea por fetichismo o experiencia, pero te ayudan con la búsqueda del test. Adoro a todos los otros.

 

Es por eso que hoy estoy tan contenta, de haber encontrado mi brazo izquierdo de nuevo. ¡Soy Viridiana! – he gritado muy fuerte mientras me lo ajustaba al cuerpo, con la ayuda de mi pie derecho. Casi medio-cuerpo, pero sola expresamente. ¿No es genial? No estoy bien, pero lo estoy recogiendo con paciencia, pacíficamente y a gritos.  Faltándome ya sólo un dedo del pie, no recuerdo ahora cuál, y dos costillas del lado derecho del tronco. Más un pequeño soplo en el corazón, el de siempre. El amor. ^–*_To The Wonder!

 

 

Nicolas Repac – The End o  a Love Affair.mp3

 

 

jul
17

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Un día en el Prat

calamar-chiringuito

calamar chiringuito Un día en el Prat

 

Ayer viví el día de verano más maravilloso de todos los días de julio, en el Chiringuito Calamar, el de la playa del Prat. Una playa situada justo al lado del aeropuerto de Barcelona, el paraje más surrealista de todos los dadaístas. Una playa de viento y juncos salvajes, desde cuya llanura vas viendo despegar los aviones de hierro y plástico blanco, tocándolos como juguetes. Juguetes comestibles, como las golosinas. Con la banda sonora de Jon Brion: Punch-Drunk-Love, entre las gafas de sol y la arena, haciendo el muerto en el mar. Un agujero lleno de agua salada. Imaginando, junto a los habitantes de cercanías que también estaban allí, las vacaciones nucleares de todos los que se van de nuestro País. Esos que tal vez no volverán, ni que sea de vacaciones. Un reloj de arena y de efecto sal, con el libro ‘Emily L.’ de Marguerite Duras entre las manos como escusa para existir, y justificar la presencia de un coreano desnudo, en calzoncillos color carne, comiéndose un helado de chocolate, por allí.

 

Leer a Marguerite Duras sobre el miedo al amor, en la playa del Prat, es amor. Reconozco que lloré en la orilla, estaba perdonándome. Hasta sacarme la parte de arriba del bikini para comparar mis tetas con las de las demás chicas. Una especie de ‘Trash en la Playa’, la nueva modalidad veraniega del ‘Trash entre amigos’, pero entre chicas. Entre las piernas depelidadas de los jóvenes adolescentes del Prat, chicos cuya feminidad encubierta despertaron la lesbiana que llevo dentro. Tan atentos a jugar a palas, aunque el viento convirtiese su ritual de ligue en un juego ridículo, dada la desviación natural del viento al intentar dar toques en línea recta. Mientras el ruido de los aviones marcaba esos ritmos en música tecno, ukeleniana tal vez. Tan cerca de casa, y de renfe, de los canis y de las hadas. Justo allí, en ese paraíso inhabitado que imaginé de pequeña. Con la bandera de un Pulpo, el logotipo del Chiringuito Calamar, con los ojos del Monstruo de las Galletas jactándose del Paraíso de las treintañeras mortales.

 

Me sentía feliz, y tan triste, como hacía meses no había experimentado a nivel espiritual. Era bailarina y ya está. ¿Así que esto es el Paraíso, eh? ¡Nunca pensé que estuviese tan cerca de casa! A partir de ahora, cada vez que coja una avión, veré esta playa desde el suelo. No quiero irme, no quiero irme de aquí, no cogeré ese avión, ni el siguiente. Este otro tampoco. Hasta dar la vuelta a la rotonda, donde todos damos vueltas en bici, en bambas o en coche, para ver los aviones que aterrizan cada cinco minutos, y al revés que desde el mar. Como el Conejo de Durero, con las pupilas dilatadas. Te quise tanto que ya no te quiero, pensé entonces. ¡Menudo salto!! Hay historias maravillosas en nuestras vidas, historias ajenas. ^—*_¡Here We Go!

 

 

 

jul
14

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¿Por qué algunas chicas dejamos de ser feministas cuando salimos con un hombre?

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porquelasmujeres  ¿Por qué algunas chicas dejamos de ser feministas cuando salimos con un hombre?

 

Hace unas semanas leí en mi TimeLine de Twitter, siento mucho no acordarme de quién exactamente aunque sí recuerdo que fue una chica con avatar muy bello, la siguiente pregunta: ¿Por qué algunas chicas dejamos de ser feministas cuando salimos con un hombre? Recuerdo que me impactó bastante su pregunta, o tal vez fuese una conclusión. Entendía su cuestión, la sentía muy dentro, de modo que quise contestarle al instante pero me quedé bloqueada, de modo que sólo le puse una estrellita aunque luego no he podido dejar de pensar en ello, ni encontrarla en el cielo. Como si ella, mi musa secreta online, hubiese escrito ese tuit para nosotras, sus followers, las que antes defendíamos y cuestionábamos cosas que ya no mencionamos en las redes sociales para no discutir tanto con nuestros novios, aunque sean invisibles o futuros posibles novios. ^—*_¡Me encanta seguir a chicas que hablan de sus sentimientos online!

 

 

Por entonces, cuando leí ese tuit, acababa de dejarlo con mi ex y estaba retomando las riendas de mi vida, redescubriendo la música que escuchaba antes de conocerle, y toda esa fuerza femenina que hacía tiempo que no desplegaba tan fuerte. Tan enfadada y triste, tan decepcionada y valiente, tan llena de contradicciones interiores que me costaba comer, y me sigue costando. Tan consciente de que esta cuestión nos afecta a muchas chicas y mujeres de ahora . ¿Por qué algunas chicas dejamos de ser feministas cuando salimos con un hombre? ¡En serio! Hoy, más tranquila que entonces, me permito contestar a su pregunta por aquí, con más de 140 caracteres y de corazón. Aunque tal vez esté equivocada, o sólo sea una relfexión, compartiendo su duda con vosotros, esperando la verdadera respuesta. Volviendo a escribir su tuit en mi TimeLine para llegar, de nuevo, hasta aquí.

 

 

Cuando tenemos pareja es difícil no cambiar, tal vez hasta sería negativo que esto no sucediese para la relación por la que decidimos apostar, ni que sea un poquitín. Pero, como ella planteaba, es cierto que en ciertos aspectos muchas de nosotras, sobre todo durante el principio de una relación amorosa heterosexual, dejamos a un lado esa parte de nuestra condición femenina por la que tanto nos queda luchar, todavía. Porque, de este modo, al anularlo, es más liviano y cómodo salir con un hombre, aunque acabes lavándole los calzoncillos por no discutir, aunque te hubieses jurado a ti misma que nunca harías eso por un chico que en el fondo sabes que no lo haría por ti. Aunque, tal vez, algunos hombres lo harían, no lo niego, ¿dónde estáis? Aunque te hubieses jurado a ti misma que nunca dejarías que un hombre te interrumpiera en una conversación pública. Y lo dejas pasar, no pasa nada , hasta que luego llega el fatídico día en el que no te quejas de que tu jefe te tire los trastos de tanto en cuanto, por no preocuparle o que se ponga celoso de algo tan incómodo. Consciente de que cada vez tienes menos amigos del sexo opuesto porque a él no le dan ‘buena espina’. Cosas así, que desde fuera está claro que no molan. Como si ya no defendiaras tu condición como al principio, porque ahora te importase más la relación con tu chico que tu propia persona. Apartando, como consecuencia, parte de tus ideales y sueños vitales. De cómo te imaginabas de adulta, tan mujer.

 

 

Es más fácil ser amante de una mujer inteligente e independiente que salir con ella, como pareja. Es más fácil ser sumisa que dominante, sobre todo para nosotras, las que tenemos abuelas católicas o padres dominantes, bastante común en España. Esto es algo muy triste, que odio pensar pero que a la vez me da mucha rabia constatar ahora que tengo treinta años y empiezo a ver el percal. Es más fácil una chica joven, que se conforme con tener pareja más que de por luchar por ella. ¿Quién quiere salir con una mujer que a veces te haga preguntas incómodas o defienda los derechos de la mujer delante de todos sus amigos varones? Tal y como le sucede a Céline en ‘Antes del Anochecer’, cortando tomates en la cocina mientras Jesse, su pareja y el padre de sus hijas, habla de su próximo libro con los otros hombres de la casa. Pone de mal humor esta manía europea, pero Céline se rebela, mientras mi madre sentada en la butaca contigua del cine viendo la película me decía al oído: ‘¡Ay, cuánta razón lleva esta chica!’.

 

 

Para los hombres siempre ha sido maravilloso poder llamar histéricas a sus novias cuando discuten fuerte con ellas, o decirles que ‘el machismo no es culpa suya, que ellos son diferentes’. Todos conocen a Freud. No les culpo, pero me pregunto si son conscientes de lo especiales que somos realmente nosotras, de nuestras hormonas y luchas, de lo mucho que podemos llegar a aguantar, y crear. De nuestra magia. Aunque son un amor, cuando les quieres, hasta que ya no puedes quererlos más. Pues el romanticismo de los primeros años es algo tan inevitable que a una se le gira el corazón hasta que se rompe, un poco. Cuando decides sacar el corazón de tu tronco, para ver qué está pasando contigo, y alucinas. ¿Qué le ha pasado a esta arteria? ¿Y este tono azulado que ha cogido? Definitivamente de allí debe de venir lo de ‘los príncipes azules’, que haberlos haylos. Hablando de esto con mis amigas, escuchando historias terribles de desamor, hijos pequeños que no tienen la culpa, conversaciones basadas en la infidelidad conyugal más que en la propia infidelidad con nosotras mismas. Para terminar mirándonos al espejo y charlar con la madrastra de Blancanieves, desde otro punto de vista. Que las ‘femmes fatales’ en realidad son un trozo de pan.

 

 

Emika – Drop the other.mp3

 

*Pintura de aquí + Autorretrato.
 

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