jul
22

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En Manhattan con Meryl Streep

dada

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Meryl Streep escribió Manhattan, me lo dijo ayer en el sofá de casa mientras recordábamos el guión original de la película de Woody Allen. Me lo dijo porque ella no puede evitar hablar mientras ve pelis suyas por la tele, o en el cine, aunque sea el día del estreno. Aunque a algunas personas del público pueda parecerles molesto, entendiendo que se anticipa a lo que sucederá. Una compañera de piso cuyos audio-comentarios me parecen adorables, reveladores, la excusa convertida en intuición. Como cuando se es sincero con alguien a quien quieres y encima le haces daño, como por estos lares, viviendo ahora lo que sucedía hace veinte años en Nueva York. Justo en la Edad Media del amor pero con todo llevado al extremo, justo antes de que el romanticismo vuelva.

 

‘Ir a una exposición para ver vídeos de otras exposiciones en la misma exposición.’ – me dijo, como ejemplo de frase que al final habían descartado de una escena del film. Como el arte contemporáneo, que está allí y siempre lo ha estado aunque no siempre haya sido reconocido como tal en su propia esencia no-artística. ¡Ay, el arte! El arte surge del amor por la vida más allá del amor, así y en estado puro. Concentrando nuestra relación de amor con la vida, y la naturaleza, más allá del asfalto. ¿Y, sabéis que le dije entonces? Para poder seguir viendo la peli en silencio… Pues que ella era adorable, también fuera de su papel.

 

Porque a la pobre Meryl, los hombres que han pasado por su vida, la han idealizado tanto que cuando hace algo raro o un poco mal a nivel ético enseguida le han culpado a lo bestia o hasta le han regañado por no ser como parece ser en las películas. Por eso se vino a vivir aquí, conmigo, porque ya no podía más y yo alquilaba un cuarto. Sobre todo cuando se equivoca, o dice que ‘no lo sabe’. Ese ‘no sé’ tan sexy que pronuncia a veces y que me hace sentir tan cerca de lo que sé. La muerte de una planta, de un iphone o de una relación. Tan natural y odiada, por ser demasiado sincera y expansiva,  tan andrógina y divertida, que al dudar sobre su propia persona deja de preocuparse por ella y pasa al más allá. El más allá de los vivos. ^—^_She’s a Mistery To Me!

 

 

 

jul
18

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¿Cuándo fue la última vez que lloraste?

julio-dadanoias

Cuando te sientas en la butaca de un psicoterapeuta es una sensación parecida a la que uno siente al enfrentarse a una hoja en blanco, aunque esa hoja en blanco tenga un formato .doc y la butaca sea de cuero. Empezar siempre es lo más difícil, hay tantas cosas que contar, y todas tan personales, que… ¿Por dónde empiezo? Lo más sencillo suele ser por el final.

 

julio-dadanoias

 

Lo último que te ha pasado en la vida, lo que has descubierto hace poco, o la muerte. A veces, si eres más experimentado, cuando ya te encuentras por el nudo, hasta puedes tirar de libreta y de todas esas frases y pensamientos sueltos que vas apuntando en ella, justo para desarrollar la historia. Esta es la parte más dura del texto, del libro o de la terapia. En la que de verdad debes empezar a enfrentarte a ti mismo y a los personajes que te acompañan, ya sean reales o ficticios. O las dos cosas a la vez, también. El nudo es el presente.

 

Ayer le dije, por primera vez en cinco meses de terapia, el título de la novela que estoy escribiendo a mi psicoterapeuta, y me puse a llorar a lágrima viva. Aunque eso no es raro, porque lloro cada día. Porque antes de ayer un buen amigo me confesó que se notaba que yo no me había enamorado nunca de verdad. Cuando mi terapeuta me comentó que lo que sucede es que suelo mantener relaciones simbióticas, un tipo de relación que a veces se confunde con el amor. Más allá del amor de pareja.

 

julio-dadanoias2

 

Hoy he ido a una charla de Rafael Santandreu en el Abacus de mi ciudad, dedicando sus reflexiones casi en exclusiva al tema de los ‘celos’. Porque en cada charla a Rafael le gusta centrarse en un aspecto en concreto de la psicología, y hoy era este, vinculándolo luego al de la infidelidad. ¿Sabíais que los celos tienen mucho más que ver con el sentimiento de posesión que con el de inseguridad? De hecho las personas celosas no suelen ser inseguras. Sorprendiéndome con sus experiencias, argumentos y enrojeciéndome hasta sonreír por dentro. Luego, al final, le he preguntado algo muy íntimo y personal, olvidando a todos los demás. Como si más que la presentación de su libro fuese una terapia de grupo, tan especial que he alucinado. Claro que su respuesta a mi pregunta ha sido contundente y divertidísima, aunque nada tuviese que ver con el principio, ni el título de este post. ^—*_Isn’t it true?

 

 

eddie vedder – broken heart.mp3

 

jul
17

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El brazo izquierdo de Viridiana

viridiana08

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Estoy despistada, por decirlo finamente. Una condición de ausencia que tiene como consecuencia la pérdida de algunas de mis extremidades, con su consecuente búsqueda. Que hoy he encontrado mi brazo izquierdo en la carretera perpendicular a mi piso. ¡Menos mal! Aunque luego, cuando ya había recuperado ese trocito de mí, me ha llevado su tiempo limpiarlo, arreglarlo y volvérmelo a colocar correctamente en el tronco. A veces, al encajarlo siento un dolor horrible, como el de cuando te muerden demasiado fuerte al follar. Ay, las extremidades: los brazos y las piernas.

 

Cada vez que algo raro ha pasado en mi vida, ya sea que metiese un mechero en la lavadora y luego siguiese funcionando, que me dejase un novio o algo mucho más terrible, que se me han caído todas estas extremidades de golpe. Y es un rollo, justo a partir de ese momento. Porque me veo sin brazos, aunque vuele igual, aunque me vuelva exploradora. De hecho, los que me conocen, mi familia y más allegados, se asustan un montón al verlo en directo. Ay, cuando eso pasa, me muero de vergüenza. ‘¡Eo, soy un Tronco’, imagino que digo sin abrir la boca. Como mi perro, que se llama Tronco. Que la mayoría se van, o se van lo suficientemente lejos para que nos les veas si eres tú, aunque ellos  sigan allí para siempre. Y otros se quedan, ya sea por fetichismo o experiencia, pero te ayudan con la búsqueda del test. Adoro a todos los otros.

 

Es por eso que hoy estoy tan contenta, de haber encontrado mi brazo izquierdo de nuevo. ¡Soy Viridiana! – he gritado muy fuerte mientras me lo ajustaba al cuerpo, con la ayuda de mi pie derecho. Casi medio-cuerpo, pero sola expresamente. ¿No es genial? No estoy bien, pero lo estoy recogiendo con paciencia, pacíficamente y a gritos.  Faltándome ya sólo un dedo del pie, no recuerdo ahora cuál, y dos costillas del lado derecho del tronco. Más un pequeño soplo en el corazón, el de siempre. El amor. ^–*_To The Wonder!

 

 

Nicolas Repac – The End o  a Love Affair.mp3

 

 

jul
17

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Un día en el Prat

calamar-chiringuito

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Ayer viví el día de verano más maravilloso de todos los días de julio, en el Chiringuito Calamar, el de la playa del Prat. Una playa situada justo al lado del aeropuerto de Barcelona, el paraje más surrealista de todos los dadaístas. Una playa de viento y juncos salvajes, desde cuya llanura vas viendo despegar los aviones de hierro y plástico blanco, tocándolos como juguetes. Juguetes comestibles, como las golosinas. Con la banda sonora de Jon Brion: Punch-Drunk-Love, entre las gafas de sol y la arena, haciendo el muerto en el mar. Un agujero lleno de agua salada. Imaginando, junto a los habitantes de cercanías que también estaban allí, las vacaciones nucleares de todos los que se van de nuestro País. Esos que tal vez no volverán, ni que sea de vacaciones. Un reloj de arena y de efecto sal, con el libro ‘Emily L.’ de Marguerite Duras entre las manos como escusa para existir, y justificar la presencia de un coreano desnudo, en calzoncillos color carne, comiéndose un helado de chocolate, por allí.

 

Leer a Marguerite Duras sobre el miedo al amor, en la playa del Prat, es amor. Reconozco que lloré en la orilla, estaba perdonándome. Hasta sacarme la parte de arriba del bikini para comparar mis tetas con las de las demás chicas. Una especie de ‘Trash en la Playa’, la nueva modalidad veraniega del ‘Trash entre amigos’, pero entre chicas. Entre las piernas depelidadas de los jóvenes adolescentes del Prat, chicos cuya feminidad encubierta despertaron la lesbiana que llevo dentro. Tan atentos a jugar a palas, aunque el viento convirtiese su ritual de ligue en un juego ridículo, dada la desviación natural del viento al intentar dar toques en línea recta. Mientras el ruido de los aviones marcaba esos ritmos en música tecno, ukeleniana tal vez. Tan cerca de casa, y de renfe, de los canis y de las hadas. Justo allí, en ese paraíso inhabitado que imaginé de pequeña. Con la bandera de un Pulpo, el logotipo del Chiringuito Calamar, con los ojos del Monstruo de las Galletas jactándose del Paraíso de las treintañeras mortales.

 

Me sentía feliz, y tan triste, como hacía meses no había experimentado a nivel espiritual. Era bailarina y ya está. ¿Así que esto es el Paraíso, eh? ¡Nunca pensé que estuviese tan cerca de casa! A partir de ahora, cada vez que coja una avión, veré esta playa desde el suelo. No quiero irme, no quiero irme de aquí, no cogeré ese avión, ni el siguiente. Este otro tampoco. Hasta dar la vuelta a la rotonda, donde todos damos vueltas en bici, en bambas o en coche, para ver los aviones que aterrizan cada cinco minutos, y al revés que desde el mar. Como el Conejo de Durero, con las pupilas dilatadas. Te quise tanto que ya no te quiero, pensé entonces. ¡Menudo salto!! Hay historias maravillosas en nuestras vidas, historias ajenas. ^—*_¡Here We Go!

 

 

 

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