ene
8

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Los falsos ojos de una mariposa

mirada

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Hoy me gustaría compartir con vosotros un fragmento del libro ‘Anatomía del Miedo’ de José Antonio Marina, editado por la colección de ensayo de Anagrama, en el que se analiza como ‘Los otros se Manifiestan en su mirada’. Poniendo como ejemplo, con el que me ha conquistado, el hecho de como algunas mariposas llevan falsos ojos dibujados en sus alas para ahuyentar a sus posibles depredadores. Un factor totalmente extrapolable a nosotros, y a nosotras mismas pintándonos las pestañas con efecto ‘alas de mariposas’, que sin duda tiene mucho más que ver sobre nuestra actual concepción del mundo de lo que nos pensamos. Teniendo en cuenta la identidad individual versus a la de los otros y el miedo que esta relación nos puede generar. ^—*_¡Vuela tranquila!

 

Los Otros se Manifiestan en su Mirada:

(Página 170 del libro  ‘Anatomía del Miedo’ de José Antonio Marina, editado por la colección de ensayo de Anagrama).

 
“Muchos animales tienen miedo a los ojos, porque son el signo de una vida ajena, de la que no se sabe qué esperar. Por eso, algunas mariposas dibujan en sus alas formas parecidas a ojos, para espantar a los depredadores. En el caso del ser humano, detrás de los ojos hay una subjetividad que juzga y, a partir de esa evaluación, acepta o rechaza, quiere u odia, acoge o ataca. Y cuando una persona necesita angustiosamente esa aceptación, ese reconocimiento, esa corroboración de la propia existencia, esa mirada que es una sentencia perpetuamente demorada, en el aire, le aterra. Está en juego su propio identidad, que, en este caso, no se construye de dentro afuera, sino de fuera adentro. Lo que parezco es lo que soy. Cada vez que el yo interior se somete a la tiranía de un yo exterior plenipotenciario, aparece la vulnerabilidad a la mirada ajena, que es lo que en último término confiere poder al otro.

Esta situación de vulnerabilidad provoca tempestades orgánicas. Ante la mirada ajena o ante su anticipación imaginaria pueden aparecer todas las manifestaciones de un ataque de angustia. Y como ocurre tan frecuentemente en este mundo de recursividades inflamables que son los miedos, la posibilidad de que esas manifestaciones orgánicas aparezcan se convierte en un gran combustible. -José Antonio Marina

 

Vídeo del post:

 

ene
6

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El Silenci

elsilenci

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Acabo de terminar ‘El Silenci’ de Gaspar Hernàndez, con la casita de Perdita y su incienso de caramelo diluyéndose entre las vistas de cercanías, al lado de la mesita de la terraza, una taza de té rojo y el concierto de Hooverphonic con orquestra de fondo. Lo más hermoso de todo ha sido despertarme cuando aún era de noche, últimamente este acto se ha convertido en algo relajante para mí, me despierto a las cinco y media de la mañana desde hace dos semanas y me gustaría seguir haciéndolo siempre a partir de ahora. Para estar sola, escribir, reflexionar y no siempre pensar, aunque sólo sea para respirar. Sola, otra vez sola, separada de ‘lo normal’. Intentando sentir el frío de la mañana con todo mi cuerpo, viendo amanecer y salir esas nubes que Gaspar describe como pensamientos de un cielo superior. Porque los conceptos, como a el mismo autor le sucede, cada vez me interesan menos, al igual que la voluptuosidad de los pensamientos, que a veces poco tienen que ver con nuestro yo verdadero. Repaso la serie de ayer y me gusta ese blanco frío que siento, casi sin forma. Recrearlo sin darle muchas vueltas.

 

Respirar con las costillas, con la barriga, con las rodillas separadas. Este año quiero vivir como si cada dos días fuese el penúltimo. Hacer realidad mi collage, aprender a estar sola conmigo misma. Como en el Edén de Hooverphonic. Permitirme rituales salvajes, seguir con mis páginas matutinas, quemar un Kleenex en el ascensor. Usar la tarjeta de CatSalut como Visa. Porque siento que al fin he salido de mi estado de shock, aunque esto luego conlleve su luto, aunque corra el riesgo de cambiar para siempre. Cada día cambiamos para siempre. Y este ha sido mi regalo de hoy, lo que no se puede tocar. ¿Sabíais que el único órgano del cuerpo humano que no puede coger cáncer es el corazón?

 

Ayer, como ritual, me depilé con cuchilla. Hacía años que me negaba a hacerlo, porque siempre usaba cera tibia. Lo hice expresamente, como si en realidad fuese más que un acto estético, o de sumisión corporal femenina, intentando sentir cada pasada de la cuchilla por mi piel, como si así me liberara de ciertas células que ya no me corresponden. Al salir de la ducha me acaricié con aceite de argán por toda la superficie de mis piernas. Disfruté de mi antiguo momento favorito del día, el de estirarme en la cama para mirarme lo pies, y decidí hacer una nueva serie. Con las dos cuchillas como piernas. Sin ningún rasguño. Hice la serie de autorretratos, aceptando lo que sentía y a sabiendas de que no sería dulce para los que me están ayudando, pero entonces lo vi. Esa sí era yo ayer. 

 

Canción del post:

 

ene
5

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La Femme Piege

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Al final sólo estoy orgullosa del último autorretrato de esta serie (la foto  que encabeza este post), pero hacía tanto frío allí fuera, y en mi interior, que al ver que ya había conseguido transmitir cómo me siento he vuelto a entrar en casa para descargarla. Cuelgo también tres autorretratos que he hecho jugando con el autodisparador del ordenador, y el ratón, y mis dedos. ^–*_¡La mujer trampa!

Tres autorretratos de La Femme Piege:

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Canción y letra de la serie:

 

ene
3

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Improvisieren

dada23

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Tener ideas. Beber agua. Leer despacio. Vivir tiene tantos síntomas como cualquier medicamento. La idea de que me voy a quedar sola, aunque esté sola, de que las cosas más importantes de una vida son también fantasía, y tan fantásticas, me aterroriza. Me da tanto miedo como cuando no sé por qué existo, pero sí sé que el sol explotará y se transformará en una enana blanca. ¿Las enanas blancas son abuelitas muertas?

 

En este planeta, el que yo concibo, la absurdidad y los inventos más importantes siempre han ido de la mano. Como cuando Bouvard y Pécuchet decidieron investigar el mundo a su manera. Flaubert, te echo de menos aunque te hayas ido hoy. Estoy triste, congelada, con la cabeza en otro sitio, con las manos en la cabeza, con la nariz en la almohada, con las manos entre las piernas. Te espero aquí, en el espacio cosido.

 

Ver réplicas de niños que se parecen un montón, todo el rato, por la calle, porque son gemelos. El boom de los gemelos. ¿Quién lo hubiese dicho? Síntomas de la contaminación y las clínicas de fertilidad que invaden mi ciudad de cercanías. Que antes era una ciudad textil, es decir… Toda cosida. Un espacio en el que todo el mundo intenta comportarse, hacer cosas normales, llamar a las sitios por su nombre, a los niños por su nombre. Al comedor comedor,  a la oficina oficina, y a la niña mujer. Es algo tan generalizado que hasta nos parece normal. Pero no lo es. Porque, a ver, por ejemplo: ¿Qué es un regalo? No es un regalo. Sólo es de noche.

*ilustración del post “Das Buch vom Jazz” de Cliff Roberts.

 

 

Erótico

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