Mar
30

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El Planeta de las Plantas

El ser humano como especie tiene un gran defecto y es que se cree superior a los demás seres vivos, a las otras especies animales, a las plantas. Pero, ¿mejor en qué? -nos pregunta el estudioso italiano Stefano Mancuso en esta conferencia que os enlazo al final del post. El concepto ‘mejor’ exige un objetivo, una competición y, mientras los animales somos un 0’3% de la vida en la Tierra, las plantas son el 85% de vida aquí. ¿Y cuál es el objetivo de la vida si no es el de propagar la especie, mantenerla con vida a través del tiempo y espacio? Pensemos en nosotros, el hommo sapiens existe en este planeta desde hace 300.000 años pero la vida media de muchos seres vivos que nos rodean roza una media de 5 millones de años, con algunas especies de plantas que llevan aquí desde hace centenares de millones de años. Si realmente la especie humana fuese superior, o mejor, a la de otros seres vivos, ¿por qué nuestro cuerpo es tan frágil? Pongamos como ejemplo el cuerpo de las plantas, sin órganos para cada función, conscientes, inteligentes, móviles, sociales, con un cuerpo capaz de sobrevivir aunque de repente se rompa un 90% de su estructura. Un cuerpo vegetal que aún hoy somos incapaces de comprender pero cuya inteligencia es cada vez más evidente, una especie vegetal que no daña a su propio planeta y que es capaz de grandes hazañas a través del tiempo y el espacio. ¿No deberíamos empezar a aprender de ellas, a ser más humildes? Tal vez, concluye Mancuso, es nuestra arrogancia la que nos ciega ante un posible aprendizaje vital, tal vez sea nuestra vanidad, nuestra presunción de ser mejores, la que no nos permite avanzar. Que nos enseñan la foto de un bosque y sólo somos capaces de ver al tigre. Y es que, ay, si analizamos nuestro papel como especie hasta el momento y el papel de los demás seres vivos con los que compartimos este precioso planeta veremos que, por ser, somos bastante peor. Porque, tal vez, si empezamos a admirarlos de veras, seamos capaces de mejorar nuestras capacidades de supervivencia. A redescubrir el amor. ^—*_¡A continuación la conferencia de Stefano Mancuso!

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Mar
29

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Aquest Cony de Temps

Esta noche he tenido un sueño erótico con Fernando Simón y me he despertado fatal. Sigo estirada en el balcón hasta no sé qué día, dicen que nevará. Un vecino toca la trompeta a lo Chet Baker y la familia de abajo hace un vermutiqui para celebrar que es domingo, la niña pequeña parece un poquito más feliz que el día que estuvo horas llorando mientras la entendíamos. Llevo la camiseta del revés y paso de darle la vuelta. En casa hay un solo reloj analógico, le doy la vuelta. Ya casi he terminado el bolso de telas japonesas con el que no voy a salir de casa. Suspiro, llamo a mis padres por teléfono. Me cuesta comer y los memes del whatsapp ya son reminiscencia del pasado inmediato. Por suerte, no soy capaz de encender la televisión, leo algún artículo seleccionado, entristezco, y escucho el último podcast de Rubén Lardín mientras limpio la mampara de la ducha, paso la mopa, y me restriego por la pared del pasillo. Casi toco el techo del vecino de arriba, que canturrea en un extraño inglés de vez en cuando, pero no lo entiendo. A las ocho y algo bajaré la basura, el contáiner está a 10 metros, no tengo guantes, ahora me encanta subir y bajar escaleras. Por suerte, vivo en un cuarto. Hago un FaceTime con mi amiga y se ríe con lo de mi horrible sueño erótico, a lo Susi Caramelo, y tiene una idea genial para nada relacionada con la anterior. Lardín lee a Cummings y me da por sentarme en una silla hasta volver a levantarme de ella. Nunca había tenido el piso tan mega limpio, ¿es así la tristeza que no se puede tocar? ^—*_¡A continuación la canción del día: Aquest Cony de Temps!

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Mar
27

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Zumos, café, y mascarillas

Tristeza limón e impotencia, difícil de manejar. No enciendo los programas televisivos, nadie se corta el pelo, e intento encontrar en el presente pequeñas ilusiones por las que seguir tomando café. Ay, la fragilidadá. Aceptación radical, zumos, café y mascarillas. El confinamiento se va a alargar bastante así que he decidido tomarme en serio lo de las coletas, aunque ya nada vaya a ser igual, aunque este maldito virus nos esté llevando al límite de la tristeza y del miedo, por mucho que odie los horarios cerrados y el concepto aislante. Hay que desayunar mañana. Este mes de abril, y casi seguro que el de mayo, intentaré volver a una nueva normalidad, y retomaré mis proyectos de costura con todo el amor del mundo, y seguiré sentada en el balcón, y volveré a clases de cocina y costura aunque ahora sean online, y seguiré viendo a mis amigas aunque ahora vaya a ser por skype, haré gimnasia en el comedor, y veré a mis padres y familia a través de la pequeña pantalla. Intentaré volver a ser quién ya no podré ser, descubrir quién seré antes de volver a ser, lloraré, escribiré, te echaré de menos. Sé que habrá y hay momentos muy duros, no niego la montaña rusa que supone tanto dolor, pero no quiero que esta tristeza devore nuestra ilusión. La fantasía de que esto pasará, de que tendrá un final, aunque sea un final horrible o parcial. Y sé que intentaré vivirlo con menos extrañeza que hasta ahora, si eso es posible; que no lo será… ¡Pues bienvenida extrañeza! No creo que estar tan triste sea malo, al revés, sería algo psicópata no estarlo en este terror, pero me preocupa que esta tristeza en estadios muy prolongados pueda llegar a herirnos de un modo superior a lo agrio. Por esto, y por el azúcar que le añadimos al amanecer, nos vamos a cuidar, lo intentaremos, y a veces hasta lo lograremos, cada una a nuestra manera. Con amor y fragilidad exprimida. ^—*_¡A continuación la canción del día, she is not there! Read More

Mar
25

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Zoom con Bill Murray

Darle al zoom, hacer cardio en el comedor, contemplar el gran arco-iris que ha pintado el niño vecino, leer que ‘tot anirà bé’, tender la ropa mientras hace sol, intentar ir guapa por casa, por si de repente todo vuelve a ser como antes o deja de ser tan terrible como mañana, por si llamas al timbre invisible y nos tomamos un café después de comer, quiero presentarte a Bill Murray, sentir que puedes ayudar a tus vecinos, que te hace feliz bajar las basuras de las más queridas del edificio mientras subes y bajas cada escalón como un regalo de altura, intentar no caer en los medios del miedo, leer sobre temas que no sean siempre del bicho, seguir siendo eróticos, mirar hacia arriba, lo intento. De verdad que lo intento y, aunque casi nunca lo consiga, ahora mismo agradezco tener agujetas, y mañana le daré al zoom, y lloraré y lloraremos con derecho a seguir llorando, y haré cardio en el comedor, y contemplaré el arco-iris del niño vecino, con lágrimas en la boca, como hoy, como ayer, con unas ganas enormes de tocaros y de ser tocada, tot anirà bé, inventando excusas para seguir en el tendedero, temblando bajo la ducha, con el rímel corrido, por si llamas al timbre y dejas de ser el cojín de Bill Murray. Mucho amor. ^—*_¡A continuación el cojín de Bill Murray y una poesía de Pau Riba y la Orquestra Fireluche!

Aquí, tomando café con Bill Murray:

 

Y una poesía para estos días:

 

 

Fino y Personal

20 Cosas de la Nueva Normalidad

sábado, mayo 2, 2020

Si cierro la luz estoy en una disco de los noventa en la que no hay nadie. El mundo se ha reducido a cuatro paredes con baño. Las…

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31 de abril de 2020

domingo, abril 26, 2020

‘Te has inventado el 31 de Abril’, recibo por Whatsapp. Corro por el pasillo en biquini y calcetines de invierno, dejo el libro abierto en la vitro, miro…

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