Nov
3

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Apocalipsis Cobi

Esdevenir immortal i després morir’, hoy he ido al Raval por primera vez desde el Apocalipsis Cobi y he terminado el día volviendo. Joder, se acabaron los sueños de madrugada naval, las piernas de juventud, los pintalabios de kleenex, el mundo inmortal. ¿Te acuerdas de las noches que pasamos en el Kentuky?, le pregunto a Perdita. Un gato atravesaba su barra, de cuando Godard no era machista, de cuando aún no sabíamos de la extinción humana, de cuando el Cobi no era el Covid. Sí, me acuerdo de cuando había guiris, de esos croissants de madrugada, de estudiar diseño, del tren al amanecer. Hemos ido en coche, con gel, mascarilla y respeto. Señoras, a partir de ahora lo intentaremos. Ya en la exposición, comisariada por Caterina Almirall, gracias. A sabiendas de que nos volverán a encarcelar, sin tocar, sin respirar, os juro que no hemos respirado ni un momento, joder. Y hemos sido felices juntas, solas, para pensar. Miedo a ser muy feliz ante el arte contemporáneo for real. Antes de entrar, una bolsa de basura meada en la puerta, también meados en la puerta del párking, todo lo demás cerrado, códigos, nuevas leyes. Ladrillos de Petra. Hay huellas, hay tótems, hay papel apretado, vidrio, y un índex. Quiero gritar y no lo hago y siento un nudo en los pies, a lo google maps, y quiero que todo no sea tan triste y escribo, y ya no sé nada, y quiero no tener el miedo que tengo, y pisar la acera sin pesar, y quiero decirte, y quiero decir, que me doy vergüenza por no estar mejor. Soy el Cobi, lista para dormir sin despertar a media noche aunque me depierte siempre, para bailar en el hada, lo pasamos bien en el Kentuky. La dormidina como amuleto, la especie humana como decepción fantástica, nuestra amistad artística. La cultura es segura, pues sí, pero qué tristeza más grande, el miedo espectral, la decadencia de la distancia impuesta, la belleza sin nadie. ¿Barcelona se convertirá en la nueva Lisboa? En la exposición he sido feliz, un adiós preciado, hasta la comunión de vuelta. Fuimos, hemos sido, somos, seremos, amigas. Gracias por exisitir, el arte en fin. ^–*_¡A continuación la canción del post, de Astrud, para Perdita!

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Astrud: El miedo que tengo

Oct
30

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Acercarse a los 40

Acercarse a los cuarenta tiene sus bondades. Ahora, por ejemplo, cuando formo parte de un instante de felicidad soy más capaz de identificarlo, aunque sea a modo olfativo, táctil o miedoso. Ser feliz y dar las gracias por ello, o pedir perdón en un momento estupendo, o temblar de lo contenta que estás, también se convierte en amar. Luego, está el disfrute, el disfrute del arte contemporáneo de los noventa, del erotismo sonoro, de la lectura en voz alta, del ruido de fondo, del buen sabor. El disfrute de un cable en su madurez primera. La curiosidad se vuelve más reflexiva y la prisa su paciencia, mientras decides volver a errar antes de encontrar la pregunta. Eres más compasiva y el humor toma rasgos místicos, halloweenenses. Ya no soy capaz de negar lo indemostrable, de atravesar la caja sin pensar en nuestro vivir de Schrödinger. Cuando te arreglas, y te miras al espejo, y te peinas, no eres tan dura contigo misma, aunque a veces da miedo, buuu, gracias al dolor de piernas. A pesar de lo que ya no recuerdas. Prefieres los buenos jabones a las buenas colonias, las almendras a los ganchitos, el deseo a lo que no fue. Y, además, cuando te acercas a los cuarenta eres mayor para no morir joven y lo suficiente joven para no despedirte de todas, pero le sonríes al filtro. Y ya, ya no piensas en incondicional. Pero, lo mejor, lo más precioso de acercarse a los años cuarenta, a los cuarenta, es que la sencillez se abre camino en ti. ^—*_¡A continuación la poesía del día, de Pau Riba!

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Oct
29

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El dedo anular

Hoy me pregunto si nuestras vidas han cambiado para siempre con esto del covid, me lo pregunto también a nivel amoroso. Me quedo en silencio, ¿todos hemos sentido este nudo desde la ventana a lo largo de la pandemia, verdad? Llevo todo el día tarareando a Tom Rosenthal y su ‘It’s Ok’, me duele Saturno, y escribo con nueve dedos libres y uno vendado. Intento ser feliz, aunque sea viendo gags de los Monty Python, o amando más allá del ahora, sin pensar mucho en el futuro a largo plazo, sin pedir lo imposible, y viviendo con ganas aunque me tema aislada. Siempre fui una niña solitaria, cariñosa, absurda, y supongo que esto se ha acentuado con el confinamiento, días en los que dormir sola ya no es nada raro, como un mono con anorak. Me corté un trozo de dedo rayando patatas para cocinarlas a lo pobre, con la mandolina nueva. Cuando llega la noche, a veces, imagino cómo sería mi vida con una renacuaja o un renacuajo por aquí, aunque supongo que esto también me pasaría por la cabeza sin la maldita pandemia, y me pregunto cómo sería esta noche si blabliblú, y me quedo en silencio. De nuevo. No voy a idealizar, no voy a desvalorar, me digo. Ay, a veces, creo que escribo cada día porque lo intento. It’s Ok. ^—*_¡A continuación del post la canción que no se me va!

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Tom Rosenthal – It’s OK

Oct
25

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Las llaves de Duchamp

No sabía que sobre las cenizas de Marcel Duchamp dejaron sus llaves, ni que con la edad acabaría siendo fan de la limpieza y los lazos. Cuando era pequeña pensaba que la etiqueta snob, que me sonaba a snop, venía de Snoopy; y que las canicas eran un elemento más, natural. Los cánons, las sinfonías, las conversaciones cultas, me hacen feliz. Butifarra con manzana, panallets, mi amiga Perdita, las canas. Últimamente veo manchas negras al mirar, debería de ir al oftalmólogo. De adultas seguimos teniendo creencias cósmicas, absurdas, letales, lo que pasa es que se nos pasa la vida al recoger lo demás. Duchamp se enamoró de una mujer casada, una mujer de franela, una mujer que no quiso dejarlo todo por él, y murió así, con la puerta cerrada y un visillo sobre su cuerpo en llamas. Terminaré el calendario este martes y lo mando a imprenta para compartir, el de 2021 será un año martillo, madera y metal, un año pseudónimo. ¿Quién soy desde mi pasado? Si pudiese entrar en la puerta de Ted Chiang, para verme desde el futuro, me diría que vale. Vale, es el comodín. Una cosa que adoro de Marcel Duchamp es su aburrimiento ante la pulcritud artística y que, a pesar de su futurismo, siempre respetó a su amor del cristal. Arriba, en la cuarta dimensión. Y que pasaba de la fama, del cetro, y bromeaba sobre lo más esencial, para poder entenderlo mejor. Fue un buen hombre, un buen artista, un charming man, fue la vida. Frida durmió en casa de su hermana y yo tendré que viajar hasta Chile para dormir con la mía. Las heridas de Duchamp, el amor romántico desde la inteligencia, la soledadá. ¿Quién soy desde mi futuro? Unas llaves de párking y medio ciega de amor. ^—*_¡A continuación la canción del día, de Joan Miquel Oliver!

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Rumba del Temps:

Fino y Personal

En un futuro Alighieri

viernes, julio 24, 2020

‘Dejad, los que aquí entráis, toda esperanza’, esta es la inscripción que leemos en la puerta del Infiero de La Divina Comedia. Últimamente me viene mucho a la…

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The Jail That Sets You Free

domingo, julio 19, 2020

Me da que estamos entrando al nuevo-romanticismo, este movimiento artístico en el que los otros son más importantes que el yo. Ese otro que somos nosotras, y ellos…

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