Tras el cristal de Dudú

Obichuelo espera, a tres patas, delante de la puerta, tras el cristal de Duchamp. Algo buenísimo va a pasar, alguien va a venir, tal vez sea el futuro inmediato. En el fondo, estamos todas igual, desde la pandemia que andamos cojas, esperando una apertura y migas, una visita burubja, un abrazo sin gafas, un bretzel sin gel . ¡Qué ilusión y qué duro! El sábado me hacen la PCR para poder operarme el lunes, acabo de hablar con el anestesista por teléfono, parece que todo va bien. Obi, al andar con tres patas, da mucha pena cuando paseamos por la calle, los dos súper lentos pero con sus árboles favoritos, y con mi dolor endeométrico. ¡Pobrecito, va cojo!, me dicen desde la distancia social. Pero él es feliz, porque tiene tres patas fuertes. En el fondo, sé que a partir del lunes no podré andar como antes durante unas cuántas semanas, que nos pilla mal, pero que ya no viene de aquí, ‘ja no ve d’aquí’ que decimos en catalán. Así que nos hemos acercado a la mejor tienda de telas de Sabadell, el Cosint-Cosint, hemos comprado dos metro de William Morris y nos hemos preparado un post-operatorio de aúpa y dedal. Mi madre, pelo-nube para las amigas, me ha regalado una bata blanca súper tierna para el post-todo ; y ,con mi padre, intelectual y sincero, mañana lo celebro todo, su santo, mi cumple, la vida. Obichuelo se va a la cama, ahora mismo, caminar a tres patas no es un problema real. ^—*_¡A continuación la canción del post, de Rozalén, para las dos!

Para los Dos:

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