Enhebrar la vida

El dedo anular ha comenzado su camino hacia la deformidad, al pasar tantas horas cosiendo los hilos se entrelazan con el deseo. En mis manos, siento el amor por la costura de mi abuela y de mi querida madre, la artrosis deformante de mi abuelo, la profunda voz de mi padre. Sé que es un proceso largo, que me quedan años hasta que mis dedos estén tan deformados que ya no pueda enhebrar una aguja, y no estoy triste, no es eso. El deseo de vivir, de justicia, de calma, de volver a bailar. Así que sigo cosiendo, y siento la fortaleza de mi hermana mayor, de mis amigas, de mi perro al andar con tres patas. Somos tan vulnerables, tan corales, tan hermosos. Solo es que al coser, al observar como mis dedos empiezan a dejar de ser rectos y mi rostro envejece ante los treinteinueve, le doy la bienvenida a un agradecimiento nuevo. Los miedos cambian, como cambian las gracias y nuestra manera de intentar ser felices. ¡Qué suerte co-ser!, le digo a mi madre por teléfono, mientras lloro al ver ‘Las niñas’ de Pilar Palomero. Porque un día, sin saber cómo, tu cuerpo cambia y entras en un nuevo estadio, social, emocional, artesanal, y de una intimidad creciente. Definitivamente, estoy entrando en una nueva etapa, o así lo siento, y aunque tengo mucho miedo también siento una calma nueva, nuevos miedos, nuevas preguntas, nuevos dormires. Sí, sí creo que esta pandemia nos está afectando a todas y todos, pero qué fortuna y qué dureza es crecer aunque se nos retuerzan los dedos. Desear amar, crear, aprender, a eso me refiero al coser. Porque al seguir la vida, con dedos rectos o retorcidos, una se enhebra al amor. ^—*_¡A continuación la canción del día, a la vida, de María Arnal!

Maria Arnal i Marcel Bagés – «A la vida»:

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