El fin de la juventud

No sé si es normal, pero siento, más que nunca, el fin de la juventud. Vivo mi adultez con cariño, respeto y paciencia, aunque no siempre con alegría. Supongo que una, a pesar de saber desde hace muchos años que no podría tener hijos, no deja de sorprenderse a sí misma al imaginarse como habría sido su vida si tal y cuál, hasta que me digo ‘prou’ y vuelvo a esos quehaceres vitales en los que me da por crear. Últimamente me cuesta quedar, contestar mensajes, leer más de una hora seguida, y dejarme ayudar. Paso la mayor parte del tiempo a solas, y no lo digo como algo triste porque soy una mujer muy introvertida y que aprecia mucho su espacio, pero me preocupa la desconexión que siento hacia el exterior. A pesar de ser consciente de la suerte que tengo, siento el fin de mi juventud, de una etapa en la que fui bastante feliz, de una etapa en lo que no fui tanto. Suspiro y sigo, suspirar y seguir. ¿Por qué pienso tanto en lo de no haber podido ser madre?, me da mucho coraje no poder evitarlo, no poder llevarlo mejor, tener que aceptarlo y hacer ver que me da igual cuando en realidad me duele. Y, si os soy sincera, que lo soy, me da mucha pena despedirme de ciertos sueños de juventud, pero también creo que es bueno saber decirles adiós, aunque este adiós no sea del todo alegre, ni cordial, ni súper estipulado de dado. La pandemia tampoco ayuda. Y, me preocupa perder la ilusión por seguir soñando, por idealizar el Instagram de todas las mujeres  de mi edad que dedican sus redes sociales a la maternidad máxima, no quiero caer en el condicional bobo, ni en las fachadas falsas que nos crea lo que no vemos o vemos desde lo que no fuimos. Tampoco es que me anime mucho, y sigo en casa con un dolor tremendo de ovarios tras una operación de emergencia, y no contesto a nada, y me siento en el balcón, y paseo a Obichuelo Cabeza de Mochuelo, mientras me anima saber que al menos las pruebas médicas siguen su curso sin el mercurio letal. Las enfermedades se acrecentan al hacernos mayores, también las de nuestros amores, estas son las que más me duelen aunque nunca vaya a escribir sobre ellas por aquí, por intimidad, por respeto. Ay, supongo que hay que aprender a lidiar con ellas, malditas y oscuras, aunque sea volviendo a casa como un gusanito de seda que no se convertirá en mariposa. Estoy triste, pero la idea de ser un gusanito me anima, porque lo imagino animado, rollo Totoro en formato mini. La verdad, hago lo que puedo y muchas veces me culpo por ese poquito de no poder más sobre lo que no puedo, y desde aquí me disculpo ante mis amigas y amigos íntimos, por no ser capaz de más, por la ausencia. No sé si es normal, pero estoy asustada y muy cansada, y de verdad que mi modo ‘pause’ es for real. Que un adiós siempre viene seguido de una hola, ¿verdad?  Así que esperarme, jolín, por favor, que os pienso con amor y culpa, pero no es que no os quiera aunque esté fallando, no es eso. Que ya sé que es muy raro pero volveré a estar en cuánto pueda volver, y ese día café. Están siendo unos días difíciles, solo es eso. ^—*_¡A continuación la canción del día, senza un perche!

Senza Un Perche Subtitulada al Español

2 Comments on “El fin de la juventud

  1. Sigo pensando que nos hacemos viejos por encima de nuestras posibilidades.
    Tendríamos que seguir soñando como adolescentes cuando todo era posible y tangible.
    Pero aun así, no envejecemos mal, tampoco bien, solo distinto…

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