Un lazo de alteridad

No te preocupes tanto, lo que tenga que pasar pasará, me ha dicho mi madre durante las mandarinas. Como en Moulin Rouge pero de cercanías, con canas las dos, como en ‘She dies tomorrow’ pero sin neones cliché, como Jane Adams en cada película. Después del café, he hecho la siesta en su casa, en mi antiguo cuarto. El motivo es que hoy no quería volver a mi casa, que necesitaba recordar quién soy, ¿por qué me paso el día fabulando? Claro que he vuelto, una siempre vuelve al llegar. Tiene gracia, mi antiguo cuarto ya no es mi cuarto pero sigue siéndolo, como un amor del pasado que ya no está contigo pero al que sigues deseándole amor. La redundancia está mal vista como forma poética pero a mi me encanta. ¿Por qué no te quedas hoy a hacer la siesta?, mi madre lo intuye todo, como las actrices maduras cuando pasan del guión impuesto. Al volver, de llegar, abro mi portal, el del edificio donde vivo ahora, y lo hago despacio, hay que acompañar la puerta porque no cierra bien. Soy muy sensible, y adoro crear desde la proximidad lejana, me he dicho bajo la manta de la juventud, fui muy soñadora y siempre con un punto de tristeza difícil de explicar, algo queda, no sé si era miedo o ganas de vivir, siempre con problemas de sueño. La identidadá. Me encanta el olor de la plancha que mi madre deja en sus creaciones. Entro en Twitter y escribo ‘Feliz día de Noam Chomsky’, yo qué sé. Soy una mujer, ya no soy esa cría a la que a veces me agarraría con fuerza. Lo sé mama, ya lo sé. Y de repente, me dice: ‘Marta, cariño, no hay que idealizar tanto la vida, al fin y al cabo todo es más normal de lo que ves’. Me la he quedado mirando, creo que ha entendido que mi siesta era un un modo de pedir ternura. Tú no eres normal, le he dicho al ponerme la mascarilla. Sí lo soy, me ha contestado. Ya os digo, estoy blandita, pero lo intentaré, intentaré no preocuparme tanto. Valga la redundancia, valga el teje maneje, suspiramos las dos. Como en medio de una pandemia mundial con ganas de ser felices. Y, entonces, me he dado cuenta, las mandarinas son como mi perro, naranjas pequeñitas, un poco más ácidas pero con su gracia. Recibir y enviar, enviar y recibir, es lo mismo. ^—*_¡A continuación la canción del post, de Ryan Woodward!

Thought of You – by Ryan Woodward:

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