A lo que ahora llamamos Christmas

¿Os acordáis de esos años en los que se enviaban y se recibían tarjetas de Navidad por correo postal? Recuerdo que la abuela, mi yaya, las colocaba todas, una junta a otra, en el mueble de la entradilla, sobre el estante de un viejo mueble de madera hueca y de espejo oxidado, junto a las figuritas de niños mimosos y su teléfono para invidentes. Mira, esta la ha enviado la tía del pueblo, y esta es del extranjero, del hijo de la Antonia, y esta es de la fábrica donde trabajaba tu abuelo, que aún se acuerdan de nosotros. Y me achuchaba fuerte, y me medía a partir de su cuerpo, y me animaba a leerlas en voz alta aunque me costase entender las letras. Ella aprendió a leer de mayor aunque con los años perdió su visión. Mi yaya aprendió a leer de mayor pero a amar, a amar sin pedir nada a cambio, nos enseñó ella a todos. Ay, mi niña, léelas en voz alta otra vez, me decía desde su Andalucía emigrada. Había caligrafías muy difíciles de comprender pero el esfuerzo valía la pena, por los buenos deseos, los besos y los corazones. Hoy, envolviendo cada Calendario de 2021 para cada una y uno de vosotras, me he acordado mucho de ella, de su pisito encalado, con su bata floreada, y ese olor a rosquillas recién hechas. Así que voy a correos, y vuelvo, y gracias por ese amar. ^—*_¡A continuación una canción para ella, que le encantaba Manolo Escobar!

Para ti, yaya:

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