Las llaves de Duchamp

No sabía que sobre las cenizas de Marcel Duchamp dejaron sus llaves, ni que con la edad acabaría siendo fan de la limpieza y los lazos. Cuando era pequeña pensaba que la etiqueta snob, que me sonaba a snop, venía de Snoopy; y que las canicas eran un elemento más, natural. Los cánons, las sinfonías, las conversaciones cultas, me hacen feliz. Butifarra con manzana, panallets, mi amiga Perdita, las canas. Últimamente veo manchas negras al mirar, debería de ir al oftalmólogo. De adultas seguimos teniendo creencias cósmicas, absurdas, letales, lo que pasa es que se nos pasa la vida al recoger lo demás. Duchamp se enamoró de una mujer casada, una mujer de franela, una mujer que no quiso dejarlo todo por él, y murió así, con la puerta cerrada y un visillo sobre su cuerpo en llamas. Terminaré el calendario este martes y lo mando a imprenta para compartir, el de 2021 será un año martillo, madera y metal, un año pseudónimo. ¿Quién soy desde mi pasado? Si pudiese entrar en la puerta de Ted Chiang, para verme desde el futuro, me diría que vale. Vale, es el comodín. Una cosa que adoro de Marcel Duchamp es su aburrimiento ante la pulcritud artística y que, a pesar de su futurismo, siempre respetó a su amor del cristal. Arriba, en la cuarta dimensión. Y que pasaba de la fama, del cetro, y bromeaba sobre lo más esencial, para poder entenderlo mejor. Fue un buen hombre, un buen artista, un charming man, fue la vida. Frida durmió en casa de su hermana y yo tendré que viajar hasta Chile para dormir con la mía. Las heridas de Duchamp, el amor romántico desde la inteligencia, la soledadá. ¿Quién soy desde mi futuro? Unas llaves de párking y medio ciega de amor. ^—*_¡A continuación la canción del día, de Joan Miquel Oliver!

Rumba del Temps:

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