La vida es ancha a las ocho y media

Me siento sola pero hoy, al llegar a casa, me he encontrado tres huevos y casi lloro. Una amiga me los ha dejado en la puerta, son huevos de gallinas de granja, de esas que viven a sus anchas, de esas que tienen nombre y mote cariñoso, a lo cabeza de mochuelo. La vida es ancha, he pensado. Mientras tanto, he seguido cosiendo varitas y coleteros de peluche con existencialistas pelis acorde, enviando un breve email, y con pausas en el balcón. Ayer, por primera vez desde el estado de alarma, fui a una pequeña exposición de arte contemporáneo. Últimamente, cuando logro enfrentarme al miedo, con mascarilla y distancia, siento una alegría alineada al agradecimiento. Pero sí, es verdad, me siento sola aunque no lo esté en otros ámbitos. La vida es ancha cuando movemos las manos, cuando aceptamos las propias. Pero a veces, algunas muchas y pocas veces, daría lo que fuese por tener una pareja a la que abrazar en las escenas más duras de la película, una a la que preguntarle si le apetece frito o a la francesa. Solo es que a las ocho y media me da por quejarme un poquito, idealizar, ya sabéis. Y suspirar, suspirar a mis anchas; junto a Obichuelo. Tres huevos de distintos colores, uno para cada osito del cuento, he pensado aunque sea morena, el regalo perfecto para Dadalí, le he dicho a mi amiga al sonréir. ¿Hay alguien que no se sienta sola justo a las ocho y media de la tarde? Los coleteros de peluche van genial porque en lugar de atar el pelo lo acarician sin arrancarlo, a ver si los tengo listos para Navidad. Espero que estéis bien, que estés bien aunque estemos aisladas. Decidido, haré tortilla de patatas. ^—*_¡A continuación la canción del día!

Orquesta 24 cuadros – Hasta el Sol – (con dibujos de Alejandra Alarcón ->

One Comment on “La vida es ancha a las ocho y media

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *