Ay, cariño

Dicen que la angustia se diferencia del miedo porque no tiene objeto, así que he decidido regalarle un jarrón. ‘Toma, angustia, un jarrón’, le he dicho. Me gusta fregar el suelo del balcón justo antes de que se ponga a llover, a veces pienso que los actos absurdos me tranquilizan de un modo íntimo. Flores en la pared. El colirio alivia mis ojos y mañana voy al dentista con mascarilla quirúrgica y seguro que tengo dos caries y tengo que trasplantar una planta. ¿Sabes? Hoy he sido feliz antes de comer y después de comer, en tu jarrón de vidrio, aunque mi profesor de vitrall ya no vaya a dar más clases y te haya sentido en él. ‘Angustia sin cobre’, le digo. Sigo cosiendo para una campaña de Navidad ficticia, objetos con lazos y piedras. Flores de William Morris. Y coso con el cine de fondo, y no paro de pensar en la suerte que tienen las actrices de poder abrazar y pienso en la niña viral que agradece no estar muerta por llevar mascarilla y apago el móvil. A veces sonrío y otras no y muchas veces ni lo sé. Poner la lavadora antes de merendar también me tranquiliza de un modo absurdo. Y contesto un mensaje y escucho la radio cinco minutos y me estiro en la cama y miro las líneas del tiempo que crea la persiana entre el techo y el armario. Tengo que ducharme pero levanto los pies hasta el césped. ‘¿Nos abrazamos hasta que te vuelvan a llenar de agua?’, le pregunto. Me gusta llorar en la ducha mientras no sé si estoy llorando. ‘Ay, cariño’, le he dicho. Un jarrón tiene su funcionalidad, aunque a veces no contenga flores. ^—*_¡A continuación la canción del día, en honor a William Morris!

Tom Rosenthal – It’s OK

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