La de ayer

Lo que daría por un abrazo esta noche, la de ayer. Cuatro horas para arrancar la gran yuka de la maceta sin morir en el suelo, al estilo Campanilla y palmada, con el cuchillo del pan y una tijeras enormes. Echo de menos socializar, abrazar, bailar mal. La yuka se había convertido en un árbol sin dueña, lo reconozco. Y así comienza mi fase balcón, podar las plantas gigantes, poner en orden las macetas, y arreglar el suelo. Así que he vuelto a la ferretería del barrio, esponja de lija, mega guantes, lasur para madera exterior, brocha sintética, esponja suave, y una larga conversación bajo su aire de hierro. Mascarillas ya tengo. Primero tengo que pulir los tablones con la esponja de lijar, luego aspirar todas las rendijas y rincones, lavar el suelo con mucho esmero y jabón, es muy importante que esté limpio, me ha dicho sin parpadear, esperar un día, y empezar con la primera capa de lasur, hasta una tercera o segunda capa. Terminaré el próximo martes, si he calculado bien. Voy a por la segunda ducha fría del día, he muerto lijando. Nunca había visto unas raíces tan bestias, me duelen todos los brazos, incluidas las piernas. Pero es un dolor que me gusta, que me ayuda a dormir cansada, aunque las heridas arden un poco. Voy al baño a por betadine y me doy cuenta de que está caducado, malditas espadas del tiempo, voy a la farmacia del barrio y hablo un rato con la farmacéutica. No hay nadie en la ciudad dormitorio. ¿Y si esto acaba siendo demasiado bonito? Como cuando te aguantas la cabeza con el codo y deja de pesar por un tiempo. ^—*_¡Ay, a continuación la canción del día!

The Marías – Baby One More Time:


2 Comments on “La de ayer

  1. Y si luego de cada capa, una vez seca la pintura le pasas una lija suave suave, quitas el polvo y pintas nuevamente, queda mucho mejor. La próxima yuka se verá reflejada y feliz.

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