Con M de Matilda

Hoy he terminado de pintar, mañana sacaré el celo amarillo. Dos capas de blanco sobre rosa y dos capas de gris escandinavo sobre blanco. Tengo el brazo Rothko. Y entre tanto, voy viendo pelis por filmin, pensando en la vidadá, en el apocalipsis, y haciendo algún curso de domestika como quién se va a cenar fuera. El verano siempre ha sido mi época favorita para hacer todo aquello que no me dio tiempo o la gana de hacer en invierno, y a pesar de la pandemia este también lo está siendo. Llevo ocho años viviendo sola, ¿ya? ¡Joder, cómo pasa el tiempo! Hoy le comentaba a una gran amiga que creo que ya soy un poquito feliz así y que eso me produce una gran sensación de extrañeza respecto al amor. Una añoranza infantil, o tal vez viejuna, de aceptación radical. En el último curso que he realizado online, también sobre composición, la profe nos hacía reflexionar sobre nuestro estilo casero, que si nórdico, que si provenzal, que si industrial, que si kitsch. Yo tengo muy claro que el mío es dadá, aunque con los años se ha ido serenando. Para qué lo voy a negar, estoy bien dentro de todo lo malo y mi lista de quehaceres sigue a tope antes de que se acabe el agosto, este agosto fantasma. Mañana, limpiarlo todo y empezar con los paneles compositivos, el calendario, las piedras y córcholis. Tal vez mi vida es tan solitaria porque me encanta subirle el volumen a Alt-J, o porque hablo demasiado sola, o porque tengo manos. Sea como sea hace un calor que me muero, me duelen los brazos, y tengo miedo. ^—*_¡A continuación la canción del día, con M de Matilda!

Alt-J (∆) – Matilda:

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