Ata, Vicugna, Cama


Atacama, sé que voy a ir . Debo ir. Mientras tanto, la vida en febrero está siendo un Grand Slam con el día a día. Sigo despertando demasiado temprano y, a estas horas de la noche, el cansancio es mi desierto. Aquí las estrellas son recuerdos, ¿y qué son sino las estrellas? Va, si sólo son las diez menos cuarto de la noche en mi ciudad dormitorio, y es por la tarde en Chile. Ya lo dice el refrán, ‘en febrero, un día malo y otro bueno’. A veces, soy tan autocrítica que puedo llegar a olvidar lo mucho que he luchado por seguir adelante sin traicionar mi libertad. Hace poco dije en voz alta un ‘no’ que me fue difícil, hace poco dije que no y me dije que sí. En Atacama hay vicugnas, y por eso también debo ir. Mientras tanto, la vida también es dormir cuando otros despiertan, ducharse cuando vale la pena ensuciarse, borrar cuando aprendiste a vivir. Se ha ido Claire Bretécher, de ella la imagen de este post. Sé que estoy bien aunque tenga tendencia a la timidez, a ser demasiado casera, y a escuchar podcasts de ciencia para poder dormir menos sola, como si pudiera abrazar sus frases. Me pregunto cómo sería mi vida si ya hubiese ido a Atacama, si hubiese dicho que sí a pesar del no, y si no me hiciese tanta ilusión el primer café del día. Las vicugnas son como ciervos y llamas, a la vez, un día una cosa y otro día otra cosa. A veces, suspiro en el desierto, soy una mujer que se despide cada noche mirando hacia las chinchetas que imagino estrellas, hasta que despierto y ya estoy allí. ^—*_¡A continuación la canción del post, dedicada a Atacama!

 

Alessio Arena & Manuel García – Atacama:

 

 

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