Simular que eres fuerte como el vidrio

‘Simulas que haces fuerza pero en realidad tienes miedo’, me ha dicho hoy el profe de vitral al enseñarme a dividir el vidrio con las manos, una vez rajado a conciencia. Miedo a cortarme, a no ser perfecta, a sangrar. Lo hermoso es que si los dedos índices inferiores de las dos manos siguen unidos al separar por piezas el vidrio es imposible dañarse, y el gusto que da ese ‘clerk’ no tiene onomatopeya que le haga justicia. Una de mis compañeras se ha cortado y ha seguido como si nada de hada, con un dedo de esparadrapo y todo el cariño. La concentración inunda mi ser y a la vez debo relajarme, es una sensación mágica. Respiro, siento el espacio y mi perpendicularidad entre el brazo y el cuerpo, entre mis manos sobre este sólido que es un líquido camuflado, el momento definitivo. ¿Cómo explicarlo? Mientras he vuelto a casa me ha dado por entender que en las relaciones de casi pareja que he vivido estos últimos años he simulado hacer mucha fuerza pero he tenido miedo. Miedo a sentir dolor, a no ser lo que se esperaba de mí, a sangrar cada mes. Crear un vitral es pura creatividad, método, y confianza. Un vitral es valiente, más allá de su delicada apariencia lumínica. Hoy he comenzado a trazar mi primer proyecto, sencillo pero cuadrado. El vidrio tiene dos caras, y no es lo mismo decidir una cara que otra a nivel espectral, de allí la decisión que uno deber tomar en su estadio de patrón inicial, de una cara o de la otra. Este es el lugar en el que estoy ahora. ^—*_¡Ay, suspiro. A continuación del post la canción del día por si un día pierdo las manos!

 

Canción del día, por si un día pierdo mis manos:

 

 

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