Felicidades, mama sin acento

 

Querida Mama,

Como la mismísima Clarita en ‘La Casa de los Espíritus’ tú me has enseñado que vivir más allá de ese pasado y de ese futuro que sólo tú intuyes sin pronunciar palabra es posible. Con amor. Desde pequeña supe que eras un ser mágico, me encantaba llevar tu foto carnet siempre en el bolsillo, antes de que existieran los móviles. Luego tuve mi época rebelde, casi punky, pero tú y yo siempre allí, unidas por algo que iba más allá de lo racional, cartas manuscritas, llamadas en llamas, más allá de lo entendible desde cualquier exterior constructo. ¿Te acuerdas, mama, de cuándo te hiciste con una dirección de email sólo para seguir en contacto? ‘La pantalla se acaba Marta, escrib…’. La ternura eras tú. Mira, voy a serte totalmente sincera mama, creo que sin ti a día de hoy yo no estaría viva, que no sólo me alumbraste el día de mi nacimiento si no que me realumbraste en los momentos más duros, junto al papa y mi hermana. Y te doy las gracias, esas ‘gracias a la vida’ que cuando cantas en la cocina o en una boda ajena me hace llorar.

Siempre te digo, en broma que no es tan broma, que somos como Lola Flores y Antonio Flores, aunque intentes hacerme cambiar de opinión y seguramente acabes consiguiéndolo pero no. Que ya sabes que yo sin ti nunca seré, que tú y yo siempre juntas. Mama, tú le das un sentido mágico a mi vida, un sentido casi no-humano y que nadie más ha logrado mostrarme. El sentido que me hace creer en el arte, a lo que me hace vivir, junto a Perdita. Un significado al que me agarro con fuerzas, desde pequeña a mayor. Eres mi animal psicomágico, mi vida y mi todo. Y te doy las gracias, esas gracias que no tuve voz de pronunciar cuánto más me ayudaste. Esas gracias que lloré al nacer junto a ti, junto a vosotros.

Hoy es tu primer día de cumpleaños, hoy y hasta el día 15 de julio, porque en el pueblo las fechas bailaban y tu madre nunca quiso decir si naciste o no naciste en un día 13. Misterio de aldea celta, de piedras con ojos y fieltro. Ay, y por poco que no te llamas Dominica, como nuestra ancestra de piel fina y ojos gigantes. Iremos mañana, y también el domingo, a celebrarlo. Como me hace ilusión seguir cosiendo a cuatro manos, creciendo una junta a la otra, con ese humor y con ese amor que va más allá de las risas, con una simple mirada, gesto, pespunte, paseo o ‘buenas noches’ de mujeres que se aman más allá de lo dicho. Te admiro mucho, te amo siempre.

¡Feliz cumpleaños Ana!

Tu hija,

Marta

 

Gracias por ser mi Clarita, gracias a la vida, feliz cumpleaños mama:

 

 

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