Ay, Gamboa

Quiero escribir sobre mi madre y no quiero hacerlo como hija si no como mujer que la admira, quiero escribir sobre las mujeres de 60 años y más allá, aquellas que a sabiendas de nuestro egoísmo nos animan a subir ese pequeño-gran escalón cuando sentimos que ya no podemos más, que los 30 pesan y nos dicen ‘venga, va, que te ayudo en lo que pueda, ya verás que te saldrá’. Quiero escribir con tanto aplomo como lo hizo Santiago Gamboa en el precioso texto que os transcribo al final de este post. ¿Por dónde empiezo? Si no fuese por ella yo no hubiese podido sacarme el título de diseñadora gráfica, cosiéndome a media noche carpetas de ganchillo en DINA3, tan graciosas y tiernas que ya sólo por su diseño crochet el proyecto interior se merecía un aprobado altísimo. Por mi madre volví a casa noches en las que me quería morir de fustre, de viajes en los que me perdí muy lejos. Cuando, de repente, me llamaba por teléfono y todo volvía a tener un norte aunque fuese colgándonos y mirando hacia el cielo. Tan lejos y tan cerca. La amo y la miro con admiración, cada día, casi cada día, aunque sea una hija uraña al anochecer. Porque es ella, esa gran mujer que me gustaría ser a su edad, la que me da motivos por los que vivir cuando todo es muy difícil. Tan creativa, tan artistaza, que observarla me provoca sincera inspiración, encontrando un lugar en el que filosofar juntas, en el que perdornarnos por no ser perfectas, en el que unir piezas de puzzle artesanales para nuestras obras. Tú me hablas de Vivaldi y yo te hablo de África, es nuestro acuerdo semanal cuando vuelve de sus clases universitarias, de cerámica, de patchwork. Así que, por las tardes, paseo a Obi por nuestra ciudad de cercanías y la voy a buscar a sus clases con la excusa de que hace buen tiempo o demasiado mal tiempo para no ir. Ay, ojalá su sabiduría en mí. Con el tiempo, nos hemos convertido en un ‘tú y yo’ y en un ‘yo y tú’ que que va más allá del amor filial, que va más allá de sus monjas, que nos hace hablar parecido ante los demás. A cosiendas de lo que no nos parecemos, de nuestros ratosueños vestidos con dilemas previos, y hasta de nuestro pacto de no juzgarnos la una a la otra más allá de lo que una mujer ya soporta. Tengo mucha suerte, jolines. Estoy llorando de emoción. ^—*_ ¡A continuación el precioso texto que Gamboa les dedica de corazón!

 

Palabras de Santiago Gamboa:

“Las mujeres de esta generación son las mejores. Y punto. Hoy tienen sesenta y pico y son bellas, muy bellas, pero también serenas,  comprensivas, sensatas, y sobre todo, endiabladamente seductoras, esto a  pesar de sus incipientes patas de gallo o de esa afectuosa celulitis que  capitanea sus muslos, pero que las hace tan humanas, tan reales. Hermosamente reales.

Casi todas, hoy, están casadas o divorciadas, o divorciadas y vueltas a casar, con la idea de no  equivocarse en el segundo intento, que a veces es un modo de acercarse  al tercero, y al cuarto intento. ¡Qué importa!

Otras, aunque  pocas, mantienen una pertinaz soltería y la protegen como ciudad sitiada.

Nacidas bajo la era de Acuario, con el influjo de la  música de Los Beatles, de Bob Dylan…. Herederas de la “revolución  sexual” de la década de los 60 y de las corrientes feministas supieron combinar libertad con coquetería, emancipación con pasión, reivindicación con seducción.

Jamás vieron en el hombre a un enemigo a pesar que le cantaron unas cuantas verdades, pues comprendieron que emanciparse era algo más que poner al hombre a trapear el baño o a cambiar el rollo de papel higiénico cuando éste, trágicamente, se acaba, y decidieron pactar para vivir en pareja.

Son maravillosas y tienen estilo. Usaron faldas hindúes a los 18 años, se cubrieron con suéter de lana en una noche loca de viernes o sábado después de bailar.

Hablaron con pasión de política y quisieron cambiar el mundo. Aquí hay algunas razones de por qué una mujer de más de 60 nunca te va a despertar en la mitad de la noche para preguntarte:”¿Qué estás pensando?” No le interesa lo que estás pensando.

Si una mujer de más de 60, no quiere mirar un partido de fútbol, ella no da vueltas alrededor tuyo. Se pone a hacer algo que ella quiere hacer y generalmente es algo mucho más interesante. Una mujer de más de 60, se conoce lo suficiente como para estar segura de sí misma, de lo que quiere, y de con quién lo quiere.

Son muy pocas las mujeres de más de 60 a las que les importa lo que tú pienses de lo que ella hace. Una mujer de más de 60, tiene cubierta su cuota de relaciones “importantes ” y “compromisos”.

Las mujeres de más de 60 son generalmente generosas en alabanzas. Ellas saben lo que es no ser apreciadas lo suficiente. Tienen suficiente seguridad en sí mismas como para presentarte a sus amigas. Solo una mujer más joven e inmadura puede llegar a ignorar a su mejor amiga.

Las mujeres se vuelven psíquicas a medida que pasa el tiempo. No necesitas confesar tus pecados, ellas siempre lo saben. Son honestas y directas. Te dicen directamente que eres un imbécil si es lo que sienten sobre ti.

Tenemos muchas cosas buenas que decir de las mujeres de más  de 60 y por múltiples razones.”

 

 

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