Ay, el Pensamiento Abstracto

Hace poco tuve una conversación con mi hermana sobre las diferencias entre pensamiento abstracto y pensamiento concreto, y cómo estas influyen en nuestras vidas y en el modo de entender lo que nos rodea. Mejor empiezo por el principio. Todo empezó cuando, leyendo ‘Apegos Feroces’ de Vivian Gornick, subrayé que la madre de su protagonista, que bien podría considerarse nuestra madre global, es criticada por negarse a conversar con su hija a través del pensamiento abstracto, un anécdota fantástico y en el que se basan la mayor parte de sus novelas a través de ingeniosas conversaciones filiales. ¿Pero, qué es el pensamiento abstracto? Así, dicho rápido, es aquel tipo de pensamiento que nos permite entender ideas que no están representadas en el mundo material, a diferencia del pensamiento concreto que es aquel que está conectado a nuestros sentidos, asociado a lo que podemos hacer con el cuerpo y nuestras percepciones sensoriales. En la cultura popular las personas muy vinculadas al pensamiento concreto suelen definirse como seres muy terrenales y las personas más vinculadas al pensamiento abstracto como más creativas y filosóficas. Un pensamiento no es el contrario del otro, simplemente son distintos estadios de un todo, se vinculan. Lo que sucede es que todos usamos el pensamiento concreto de manera muy consciente en el día a día pero el pensamiento abstracto consciente no es tan común como puede parecer ya que requiere de un esfuerzo y de un tiempo que pide dedicación y gimnasia mental. ^—^_ Para explicarme de forma llana os lo sigo contando a continuación del post. ^—*_¡Obra del post de Ana Garcia-Pineda!

 

 

Cuando Magritte escribió ‘Esto no es una pipa’ debajo de la representación de una pipa proclamó al mundo el pensamiento abstracto consciente más allá de la abstracción pura. Hoy, mientras cosía, pensaba que tal vez el arte que inunda hoy nuestras galerías de arte contemporáneo no conectan con el gran público porque los artistas dan por hecho que todo el mundo entendió a Magritte. Sí, allí está la diferencia entre el arte pop y el arte conceptual, sí y no, seguí reflexionando. ¿Por qué el arte conceptual se considera hoy en día un arte elitista?, me pregunté al cambiar de aguja cuando se me acabó el hilo. Y, por casualidad, entré en Facebook y me encontré con este fragmento del libro ‘La idea de Europa’ de George Steiner que dice lo siguiente: ‘Es esencial ser elitista, pero en el sentido originario de la palabra: asumir la responsabilidad de ‘lo mejor’ de la mente humana. Una élite cultural debe cargar con la responsabilidad del conocimiento y la conservación de las ideas y valores más importantes, la responsabilidad de los clásicos, del significado de las palabras, de la nobleza de nuestra espíritu. Ser elitista, como explicó Goethe, supone ser respetuoso: respetuoso con lo divino, con la naturaleza, con los demás seres humanos y, por lo tanto, con nuestra propia dignidad’. Por favor, no confundamos elitismo con clasismo. Y me doy cuenta de que hay algo en este fragmento vinculado totalmente al pensamiento abstracto que ya apuntó maneras durante el romanticismo, una época por la que sabéis que siento devoción literaria.

 

 

Una pipa no es una pipa, esa es la cuestión. Pero, ¿cómo explicárselo a tu madre o a esa amiga que no te escucha cuando le dices pipa y ella ve una pipa concreta a la que tú no te estás refiriendo en concreto? Y aquí viene mi sorpresa a nivel íntimo y vital, el cliffhanger de la conversación inicial. Estos últimos años me he dado cuenta de que tengo la suerte de tener una amiga con la que puedo conversar horas y horas a partir del pensamiento abstracto y otra con la que sólo puedo hacerlo si uso el pensamiento concreto. Las amo a ambas pero hasta hace poco sentía que con una podía volar y con la otra no, ya sé que suena duro pero no sabía ponerle otro nombre a lo que me sucedía a nivel relacional. También me ha pasado que he tenido citas con hombres con los que la conversación vuela hacia el pensamiento abstracto y otros con lo que no. Y, no sé si será elitista, pero aunque adore lo sensitivo, que por algo soy artesana, con las personas con las que conecto de verdad son las que le dan más cancha al abstracto, también conocido como pensamiento creativo o conceptual. Recuerdo cuando con 14 añitos empecé a estudiar poesía, literatura y filosofía, en el instituto, y por encima de todas las cosas quería leerme el mundo. De esa época también recuerdo lo sola que me sentía al intentar compartirlo y sentir que eso casi no tenía cabida fuera de mis habitación. Y qué bonito es hacerse mayor y conocer a personas que se sentían tan solas como tú.

 
Lo único que sabía de pre-adolescente es que ese estadio de pensamiento me hacía muy feliz, un tipo de felicidad nueva y por la que lucharía o abogaría el resto de mis días. Hasta que empecé a ir a la universidad y estudiar historia del diseño, historia del arte, forma y color, descubriendo el dadaísmo y a Frankenstein, a personas como la amiga de pensamiento abstracto que os cito. Hasta llegar a la pregunta final: ¿Existen dos tipos de felicidad, la concreta y la abstracta? Y, como sucede con esa pipa, me da por pensar que sí y que no, y que la una sin la otra me dejarían a medias, como en el sexo sin amor, como la comida sin sabor. ¿Pero, qué se yo?, pienso mientras termino el muñeco que estoy cosiendo. Será mejor que acabe de coser a este animal que no es un animal pero que es un animal que vuela en tu interior.

 

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