Paz de Armario


Llevo todo el día ordenando la ropa. ¿Sabéis que el pasado miércoles os contaba por aquí que se me rompió la lavadora? Pues lo solucioné, y la nueva hasta seca, y seca al vapor. Sé que es muy marujil pero estoy tan contenta que hasta me he atrevido con el método Konmari. Por supuesto, entre la ropa había disfraces dadaístas, una chaqueta de aviador, otra de karate (nunca he hecho karate pero quería), camisas de mis ex, y un montón de camisetas del instituto y de la época universitaria que ya no me caben y de las que nunca me atreví a despedirme, aunque ahora vaya al gimnasio, ejem. Al final tengo cuatro cajas enormes de ropa para donar, aunque antes avisaré a mi prima y a mis dos amigas por si quisieran algo, incluida la falda de calaveras mexicana con la que tanto bailé por el Barrio Rosa. Arigato, gracias galaxias, y buen viaje. ¡Jo, cuántos recuerdos y emociones! Pero, al menos, ahora abriré el armario y será en presente y dejaré de acordarme de eso kilitos de más al compararme con antes y de ese vestido que me recuerda a otra versión de lo que fui. Me da vergüenza reconocer que hasta he encontrado ropa sin estrenar. Menuda lección, que ya no me pillo ropa hasta dentro de muchos años. Bienvenida Paz de Armario. ^—*_¡La chaqueta de aviadora me la quedo como regalo, y mi camiseta rosa ‘Happy’ de la vida, aunque esté muy gastada, han sido mis guilty pleasure!
 

El vídeo da miedo pero es real:

 

 

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