Los papelitos del somier

Hoy me he levantado de la cama y tenía ocho años. Las zapatillas me iban gigantes y los calcetines como leotardos, por suerte he encontrado una camiseta roja a modo de vestidín aunque estaba algo mareada. De repente, un sentimiento de no querer ir al cole ha invadido todo mi cuerpo y me he escondido debajo de la cama, antes de que mi tía me buscara por casa para obligarme a tragar esa cucharada de calcio que rellenaban de un pote de la farmacia y que me daba dolor de lengua. ¡Waaa, aquí debajo sí que se está genial, y es enorme! Ay, y cuál ha sido mi sorpresa al reencontrarme con todos los papelitos que fui guardando durante todos esos años, entre las maderas del somier de la cama y mis sueños. Me pregunto cuándo dejaré de usar la cabaña y me pongo a llorar, encogida en el centro para que el brazo de mi tía no llegue a cogerme, llorando al preguntar: ¿Dónde me esconderé cuando crezca? Entre los papelitos de los anchos barrotes hay un montón de envoltorios de caramelos, sobre todo de sugus, y muchos trocitos de páginas que arrancaba de mis libros favoritos y guardaba en el bolsillo hasta que volvía, más algunas fotos que pispaba del álbum familiar. A veces, cuando no podía dormir, bajaba, los tocaba en la oscuridad y volvía a subir. Hasta que dejé de caber, hasta hoy. ^—*_¡Post escrito desde la cabaña, a continuación un libro animado de Edward Gorey!

 
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