El Hilo Invisible


¿Qué es lo peor que puede suceder al enamorarte profundamente de otra persona? De un desconocido, de una persona cualquiera como podría ser tu madre. A partir del terror de existir, de querer vivir hasta el éxtasis, de amar al prójimo, de nuestra infancia y de ser un animal sensible, surge la película ‘El Hilo Invisible’. La nueva obra maestra de Paul Thomas Anderson, la que más se acerca al sentir de ‘Magnolia’. Llevo días dándole vueltas mientras coso, no puedo parar de pensar en el film, en cada plano de cercanía, en su bella banda sonora (gran Jonny Greenwood), de estremecerme al recordar su siniestro sentido, el de él y el de ella, el de ellos tres juntos. Su acercamiento, su sin-vivir con cordialidad, acercándonos a todo aquello que no quisiéramos ver pero está. A todo aquello que nos recuerda a la perfección del anhelo. Y respiro y me emociono y ya no hago ruido al desayunar. ¿No es la belleza un resurgir del alma atormentada?, me pregunto al intentar entender el film otra vez. Al ponerme los calcetines esta mañana, de nuevo. Entiendo, de pies y pues, que al enamoramos profundamente de otra persona, de nuestra madre o de nuestro padre, del desonocido o cualquiera que sea, nos desdoblamos y le damos derecho a matarnos, a torturarnos y a amarnos como nadie lo hizo. Ay, si Goethe estuviese vivo, si Chateaubriand hubiese podido ver la peli en el cine. Y, sin embargo, allí están, los tres, dispuestos a morir. Muero yo también, mi ego, como espectadora, casi como una hermana de la creación. La paradoja perfecta, el amor romántico del cine que nos hace ser tres. ^—*_¡Ah, a continuación un diálogo del film que apunté en la libreta, con el corazón en la mano!

Fragmento de la película:


Él → ¿Estás aquí? -tiene una visión de su madre en la puerta – ¿Has estado siempre aquí? -Respira- Te extraño. Pienso en ti todo el tiempo. Escucho tu voz decir mi nombre cuando sueño. Y cuando me despierto, hay lágrimas corriendo por mi cara. -El espíritu de su madre lo mira desde la puerta – Yo sólo te extraño. Es tan simple como eso. Quiero decirte todo. -Traga saliva de manera triste ante la inexpresividad del espíritu de su madre. – No entiendo lo que estás diciendo.-Parpadea. -No puedo escuchar tu voz.

Entra Alma mientras el espíritu de su madre lo mira y luego desparece, se funde en ella. Alma camina por la habitación, coge unas toallas, se acerca a él, lo mira, toca la frente, y le dice:

Ella → Tu fiebre ha bajado.

A él se le cae una lágrima y Alma sale de la habitación.

 

 

Si la véis, que sea en versión original, es perfecta:

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