This Time Tomorrow

¿Sabías que las mujeres solemos ser mayoría en los transportes públicos metropolitanos? Sí, me lo contó hace muchísimos años una ingeniera de caminos que lo estaba estudiando, bueno… ¡Mi hermana mayor! Desde entonces, siempre que voy en tren hago el recuento y sonrío por dentro. Ir y venir en tren me conecta de un modo único a la percepción del paso del tiempo a nivel corporal, en plan imán. Mujeres mayores, de la misma edad, estudiantes de la UAB, madres, mujeres lectoras, las que tienen una cita, abuelitas con bolsas, amigas que cuentan intimidades a gritos, mujeres con Kickers. Nací en cercanías y me he pasado la vida yendo y viniendo desde la adolescencia, por tantos motivos como días de la semana. Muchos posts de este blog han sido inspirados en sus viajes de ventanilla. Me sé ya un montón de trucos, como elegir asientos en los que el silencio sea también sacarle el sonido al móvil o reencontrarme con mi asiento favorito del primer vagón, el de la esquina izquierda que te da panorámica si estás dispuesta a sentarte al revés. Ya sabéis, también va a épocas. Cuando escuchaba música con los cascos, que ya no me gusta, cuando veía mayores a mujeres que ahora tienen mi edad, cuando lograba leer libros sin marearme, cuando me maquillaba más que ahora, cuando me acordaba de nuestro reflejo doble al volver. Ir en tren me recuerda que me hago mayor, que tengo canas y que no pienso teñirme, que a veces he estado enamorada y otras veces no. Aunque siempre lo estoy. Es el medio perfecto para una melancólica con ganas de vivir. Y todo esto porque hoy en el tren me he sentido feliz por unos instantes y esto se merece un post. ^—*_¡Ay, me encantó  ‘Zazie en el metro’ de Raymond Queneau!

Canción del día:

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