En el acantilado

¿A veces me preguntáis por qué no uso la máquina de coser? ¡Ya, ya sé que cosiendo a mano, como mínimo, tardo unas seis horas por muñeco! Y, sí, ya sé que tengo una máquina de coser pero no la disfruto nada y se la regalé a mi madre el año pasado, porque me pone nerviosa y es muy ruidosa y tiene demasiadas leyes que no quiero seguir y variarían el patrón primordial. Coser a mano es una sensación ingrávida, es como precipitarse por un acantilado con un paraguas abierto desde la mesa redonda del estudio; junto a la gran ventana. Además, el punto festín es siempre más hermoso al natural. ¿Y cómo no aprovechar que tengo las manos así de chiquitinas? Y la voz de pinypon. Para poder ir rellenándolos a la vez que los coso, con colas muy estrechas y curvadas, cuellos estilizados, orejas al corte, bordados personalizados. En silencio o escuchando todas las series, películas y discos que redescubra o descubra durante el día. A veces en silencio absoluto, con los ruiditos de Obi abajo a la izquierda. Ay, parezco una Amish. Pero, en realidad, ¿sabéis por qué coso cada uno de los muñecos sólo con las manos y con lana pura? Porque me hace muy feliz y quiero que sean muñecos hechos con cariño, que aporten ternura de verdad, y respeto en mayúsculas. ^—*_¡Ay, a continuación un disco de música que me ha encantado y un gracias enorme por vuestras reseñas en Etsy esta Navidadá y siempre!

 

Hoy he cosido a mano escuchando este disco:

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