Reflexión sobre estos días de enfado


Todas y todos tenemos nuestro talón de Aquiles, el mío, desde pequeña es el de la impotencia ante la injusticia y cualquier tipo de situación de abuso que por algún motivo profundo hace que me exalte muchísimo estos días. Por entonces, de niña, pensaba que al menos cuando fuese mayor todo sería más justo, era una niña muy soñadora y un tanto ilusa, casi tanto como ahora, pero ahora ya soy mayor. Y siento que me enfado mucho, que estos últimos meses la injusticia me desborda anímicamente. Pero la injusticia ha existido siempre, desde tiempos inmemoriales, y aunque me duela muchísimo reconocerlo tengo que aprender a convivir con ella en el día a día por mucha rabia y tristeza que esto produzca, por mucho que crea en el Karma, por mucho que me duela a nivel íntimo y/o social, sin dejar de hacer lo poco que pueda hacer para luchar contra lo que creo abusivo o injusto, pero sin tanta rabia. Sin olvidar la belleza que también hay en la vida, aunque sea con los muñecos, con las pequeñas acciones, o a través de los largos paseos con mi perro, con un hashtag, con una foto, con este post, con una sonrisa. Ya me perdonaréis si últimamente no he sabido separar la emoción primaria de la secundaria, sobre todo en Twitter. Sé que se me nota el enfado en las redes sociales y también en la vida real, que últimamente estoy más susceptible a nivel político y con temas de machismo. Así que hoy he decidido dedicar esta tarde a pensar sobre todo esto que os cuento, y a sentirlo más allá de las emociones y de la actualidad, a darme espacio para salir del enfado por un rato y respirar un poco. Marta, tienes que calmarte, tanta rabia te agota, no la sabes canalizar bien del todo y estás dejando de cuidarte y de cuidar a los demás. ¿Pero cómo lo hago? Supongo que en primer lugar no personificando tanto todo lo que sucede, por muchísima empatía que sienta con lo que ocurre a mi alrededor o hasta me ocurre, tengo que aprender a ser capaz de poder separar, ni que sea para poder ayudar mejor. En segundo lugar, he escrito en mi libreta, dejando de hacer tantos juicios de valor e indagar más allá en mis creencias y las creencias de los otros al leer y escuchar, y trabajar el día a día dejando más espacio al diálogo, y hasta al silencio, también al interno, y a la diferencia de opiniones, por mucho que me cueste a veces con temas que me duelen el alma. Y, en tercer lugar, afrontar hasta dónde puedo llegar y hasta dónde no puedo llegar. ‘Marta, tú no eres política ni quieres formar parte de un partido político, no puedes hacer más allá de lo que ya haces’, me dijo hace poco una gran mujer. Y, aunque sí considere que todos somos políticos en cierto modo, es cierto que en nuestras vidas podemos elegir ser mejores persones a través de nuestras profesciones, acciones y textos, cada una y cada uno con nuestras posibilidades. Desde el barrio, desde el afecto, y con las pequeñas acciones. Aceptar que a veces nos equivocaremos, y que muchas veces, aunque quisiéramos hacer más debemos ser pacientes y compasivos, también con nuestros actos o palabras. Y el enfado, eso sí lo sé, suele ser una emoción secundaria, una que proviene de otra muy anterior y que está bien no olvidar. Por eso, lo siento mucho si estas últimas semanas he sido un poco brusca. ¡Eo, con esto no quiero decir que dejaré de sentir dolor ante la injusticia!, eso es imposible, sólo que intentaré no vivirlo tanto desde el enfado y con más cariño. Y seguiré luchando a mi manera, en lo que pueda, pero con más amor. ^—*_¡Ay, a continuación una canción que me calma!

 

 

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