Una historia de amor en rojo


Cuando de pequeña y de no tan pequeña mis padres me contaban cómo se enamoraron me parecía súper lejano y romántico, como si su contexto hubiese pasado hacía siglos, como si fuese imposible. Ya sabéis, es raro imaginarse el primer beso de una gran historia de amor, sobre todo cuando naciste de ella. Y es raro pensar que lo que te contaban sobre los grises era tan reciente, sobre todo cuando por esa época leías ‘Momo’ de Michael Ende y pensabas que eran los mismos, los ladrones de tiempo, muy malos pero de libro. ¿Pero cómo os conocistéis?, le preguntaba y he ido preguntando a mi madre al crecer. ¡Ah, yo llegué a casa tras irme de la aldea a los 13 años y trabajar para las monjas durante mi niñez y adolescencia y primera juventud! Me cuenta. Ella era de una aldea muy pobre y cada año elegían a una niña de la escuela, pasando por todo el norte de España, de hospital en psiquiátrico. Y sigue. Nunca me pagaron, teníamos que trabajar todo el día y así nos dejaban estudiar de noche, hasta lograr una plaza de enfermera en el Hospital de Sabadell, el de los niños. Sí, qué suerte que vinieras, le solía y suelo decir aún y la rabía de todos los anécdotas franquistas que me cuenta de esa época. Y allí, en el barrio más humilde de Sabadell, el único donde me podía permitir vivir con la que sería mi gran amiga de por vida, estaba tu padre, hijo de andaluces emigrantes, joven, guapo, y muy inteligente. ¿Pero cómo, tenía una gran cabellera verdad? Sí, ya lo sabes, no hagas broma, siempre tuvo grandes entradas. ¿Pero cómo? Pues nos conocimos en las asambleas políticas, en los cinefórums secretos que montábamos en la iglesia, en la venta de libros prohibidos. Creamos un movimiento de barrio, había comunistas, muchos del PSUC y anarquistas, y teníamos que ir con muchísimo cuidado de que no nos pillaran los grises. Éramos buenos en eso, sonríe y deja de sonreír, aunque a algunos los cogían y les daban palizas, ¡una vez me llevaron al cuartelillo! Sí, sí, eso ya lo sé mama, por lo de los libros. Sí, ya sabes. ¡Sí, están en el pasillo de vuestra casa! Teníamos muchas ganas de vivir, de acabar con el franquismo, de enamorarnos. Nunca me contaron cómo fue su primer beso pero en 1979 nació mi hermana mayor. ¡Ah, cuándo Franco murió abrimos una botella de cava! No olvidaré nunca ese día. Se queda callada. Claro, supongo que sería brutal. Sí, aunque Franco murió en la cama (eso siempre lo remarca con tristeza) y luego lo llamaron Transición, la nuestra, la del 78. Pero, bueno, suspira, seguimos y La Universidad de Bellaterra fue un regalo caído del cielo, ¿sabes? Sí, sí, qué suerte, quiero que siga siempre contándome. Amamos y empezamos a amar a Catalunya, nos amamos, y nacisteis vosotras, y aprendisteis catalán aún y no hablarlo en casa, siempre pensé que sois muy listas. Es que nos quiere mucho. Y sigo yo para que no se quede allí. Pero ya nos hemos hecho mayores y mira… ¡Ahora, justo ahora, te entiendo de verdad!. Sí, ya sabes, con los años el anticatalanismo del Estado Español empezó a dolernos de corazón, y llegó el PP y la corrupción y nos empezamos a dar cuenta de muchas cosas que al enamorarnos dimos por acabadas. Ay, hasta el PSOE ha sido mentira, dice mirando el suelo. Sí, lo sé, eso lo compartimos, no lo entiendo, no puedo entenderlo. ¡Y míranos ahora, Marta!, me dice y me aprieta la mano, aquí, 2 de noviembre de 2017 y en una manifestación defendiendo la liberación de presos políticos. Mama, el caso es que por primera vez he puesto imagen real a esos grises de los que me has estado hablando, una imagen tan real que me cuesta mucho de soportar. Me siento como Momo pero sin ficción, pienso. Uy, y aún pueden ser mucho peor…, balbucea. ¡No digas eso!. Sí, lo digo, ¿no ves que nos quieren humillar? Es su estilo, siempre lo fue. Nunca soportaron que Catalunya fuese Republicana y de izquierdas. Ahora entiendo cosas que a tu edad no entendí, le confieso. ¿Cómo qué? Como que prefieren hacer el ridículo ante Europa y el resto del mundo que dejarnos en paz de una vez. Se queda callada, muy triste pero apretando más mi mano. Ay, mama, pues no pienso quedarme en casa viéndolo desde la tele. Yo tampoco, me contesta al volver a casa de la Plaça de l’Ajuntament este jueves. La abrazo fuerte, y al despedirme y escuchar su historia de amor por enésima vez, le grito desde el portal: ‘Els carrers seran sempre nostres’. ^—*_En el vídeo que os adjunto y grabé junto a ella se la escucha cantar, y lloro. Llibertat! (a continuación del post)

 

 

If you enjoyed this post, make sure you subscribe to my RSS feed!

Related posts:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *