Una ficción de amor

Entre que nunca he entrado en la Deep Web y que todavía no he ido a la expo de Giorgio de Chirico en Barcelona, escuchar la canción Ahwak me ha consolado el día. El título significa que te amo, pero no entiendo la letra aunque la recuerdo. Un día que esté triste la buscaré, pero no hoy. Porque no tengo fuerzas y no quiero ponerme pretérita, porque sólo quiero cerrar los ojos y escucharla sin entenderla. Escribir mientras suena en loop. Mirar alguna de las fotos que me enviaste por WhatsApp y sorber la espuma de la cerveza cuyo blanco no deja de parecerme práctico. Mañana. No debería llamarse mañana a la mañana, no tiene sentido si te vas a dormir tarde. Ya no tengo anemia y sigo leyendo libros que ya he leído pero no sé si leí. Las chinchetas se mueven milésimas en verano, o tal vez sea por el último viento de agosto o por la cerveza sin espuma. Ahwak, eso lo entiendo. ^—*_¡Ay, a continuación del post os transcribo un texto de Borges que he releído hoy y la canción!

 

“Locke, en el siglo XVII, postuló (y reprobó) un idioma imposible en el que cada cosa individual, cada piedra, cada pájaro y cada rama tuviera un nombre propio; Funes proyectó alguna vez un idioma análogo, pero lo desechó por parecerle demasiado general, demasiado ambiguo. En efecto, Funes no sólo recordaba cada hoja de cada árbol, de cada monte, sino cada una de las veces que la había percibido o imaginado. Resolvió reducir cada una de sus jornadas pretéritas, a unos setenta mil recuerdos, que definiría luego por cifras. Lo disuadieron dos consideraciones: la conciencia de que la tarea era interminable, la conciencia de que era inútil. Pensó que en la hora de la muerte no habría acabado aún de clasificar todos los recuerdos de la niñez.”
 
*Fragmento de ‘Funes el memorioso’ de FICCIONES, Jorge Luis Borges.
 

 

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