La superficie del ser

Valentina-di-Guido-Crepax

¿Sabes cuando escuchas tu voz en un vídeo o audio y no la reconoces? Hoy he pensado que, en realidad, con la proyección de nuestro propio cuerpo sucede algo parecido. Porque nuestras piernas las vemos siempre desde arriba y nuestras manos nunca más lejos de lo que podemos estirar el brazo. Por no hablar de los pies sobresaliendo de la espuma de la bañera, las rodillas en la playa, o el cabello cuando lo llevamos largo y roza nuestros hombros por casualidad. Tal vez, de aquí parte esta moda del selfie, que Claude Cahun ya practicaba en el siglo pasado, o que Valentina insinuaba en los cómics de Crépax. Los retratos se vuelven ajenos al protagonizarlos. O tal vez no, tal vez todo sea superficialidad. Nuestra propia concepción del ser, como seres físicos y auditivos, con cuerpo y voz, la superficie del ser. Zonas que sólo nosotros somos capaces de ver desde dentro hasta que crecemos como especie, como niños y como personas, y descubrimos el eco, los espejos, los audios de Whatsapp, Instagram. Verse, escucharse, desde fuera, es una experiencia extraña. Pintarse los labios sin espejo. Ningún sinónimo podría substituir ‘extraña’ por mejor que sonora. Como cuando hace buen tiempo y no hay mejor metáfora que ésta. En el exterior, para los demás, para ti desde fuera, aunque entendiéndolo desde el interior. Como cuando lees un libro y no reconoces a la autora, porque podrías ser tú misma, como al leer ‘Las Chicas’ de Emma Cline. ^—*_¡A continuación del post, 10 percepciones externas que no reconozco de mi cuerpo!

10 percepciones externas que no reconozco de mi cuerpo:

 

1) Las uñas cuando crecen. Cuando mueres no es que sigan creciendo, es que al deshidratarse el cuerpo parece que sean más grandes.

 
2) Sólo soy capaz de ver la punta de mi lengua si miro hacia muy abajo, a veces bizca, del resto no me acuerdo.

 
3) La espalda, con ella sucede como con el pasado.

 
4) Los pezones. Una tiende a pensar que los suyos son los más normales, los ‘estándar’, pero en secreto.

 
5) La parte de atrás de la rodilla, donde clavamos la otra rodilla al pensar.

 
6) El ombligo y su huella dactilar.

 
7) Los agujeros de la nariz, con pelos en su interior. Lo fuerte es que sirvan para respirar, tan pequeños y huraños.

 
8) La tráquea. Mientras la pronuncias.

 
9) La separación entre la piernas.

 
10) Los brazos mezclados con un cuerpo casi igual que el tuyo pero fantástico. Ay.

 

 

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