Y no lo quiero ver

dadanoias

Tengo escalofríos por todo el cuerpo y me he puesto a Christina Rosenvinge para que no paren. A partir de esta cuarta palabra nada de lo que escriba es real pero la semana pasada estuve a punto de pillarme el primer tren Barcelona-Lisboa. Hice la mochila y todo, lloré mucho, pero al final no me fui a pesar del insistente taxi llamándome al móvil para que bajara después de haberlo pedido. La idea era huir, dejarme atrás, abandonarme a la aventura, inventarme un cv de camarera a mano cuando llegase. Ni siquiera pensé que en el tren podría sentir frío y me puse mi vestido favorito para irme a Lisboa, el más fino, un desafío que ahora me permito juzgar con cierta ternura, por no machacarme más, porque lo pasé muy mal. Fatal. Y no es que se me haya pasado el impulso, Lisboa siempre me ha sonado bien. Después de una semana de lo acontecido, y con un fin de semana en el que me han hablado más sobre ‘la maternidad’ que nunca a pesar de mi tristeza, esta tarde la he dedicado a contemplar el paisaje desde el sofá, desde mi ventana se ven muchas casas y he contado los aviones. Los aviones minis me recuerdan a la playa del Prat, al amor. Creo que estoy un poco loca estos días, pero a la vez no recuerdo haber sido no-loca antes, y digo ‘loca’ con cariño. Soy absurda desde peque pero vuelvo a sentir esos escalofríos que me asustan tanto a pesar de los lametones de mi perro Obi, aquí. Este post es ficticio, seguramente efímero también, y no importa. La semana pasada, ese día, con la mochila ya lista intenté pedir ayuda y, ‘ay, qué vergüenza’, me la dieron. A sabiendas de que una no puede esperar que la salven siempre, depender, pidiendo ayuda cada vez que intuyes que va a hacer algo muy raro o inesperado. Supongo que amor. ¿Y si lo raro fuese una parte fundamental de mi vida para siempre? Como las flores raras o las flores raras del mal. Esta tarde me he enfadado conmigo misma al intentar quererme, estaba triste, decepcionada de no haber ido, muerta de frío, ni siquiera podía hablar por teléfono con quién me ayudó. Muerta de miedo y de ilusiones, una conjunción difícil, pero viva. ^—*_¡Lisboa demasiado!

Y no lo quiero ver:

 

1) Todo pasa pero el tiempo se para y a veces se para para siempre.

2) Decir tantas veces ‘lo siento’ molesta a los demás.

3) No tener nada en la nevera adelgaza.

4) El sexo en un espejo.

5) Me mato a ideas absurdas, no lo puedo evitar.

6) Me entristece tener una ilusión que luego parece estúpida, malvada.

7) Rechazo a los que me aman cuando estoy triste. A veces pierdo grandes amistades.

8) No estoy sola aunque lo sienta muy fuerte pero estoy sola.

9) Me gustan las uñas recién limadas, los palitos de las orejas y los libros.

10) Siempre me acuerdo de esta escena de ‘Piedras’ cuando estoy muy triste:

 

 

 

Palabritas clave del post:

  • quiero ver todo
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