Dime algo bonito

Cariño, ven. Siéntate delante de mí, en esta silla. ¿Para qué? Tú siéntate. Vale, ya está, pero estaba escribiendo. Calla. Durante un buen rato él se la queda mirando, primero observa sus ojos, seguían siendo tan oscuros y enormes como cuando la conoció pero más profundos, con más arrugas a su alrededor, prosiguió su paseo hacia su pequeña boca de niña mala, mala, mala, hasta su cuello desnudo y esos hombros caídos que tanto le enternecían. Lleva una camiseta gris de estar por casa, los sujetadores negros sin relleno, los tejanos claros y los pies, del número 37, semidentro de sus viejas zapatillas chinas blancas. Son las once de la noche. Es hermosa así, cuando no se da cuenta, cuando está por casa y no le hace ni caso, aunque ahora sí. Ahora la mira, tomando conciencia de su derecho. Forzando la posición de las sillas, una delante de la otra, mientras ella empieza a inquietarse y se aprieta la coleta del pelo. Sus orejas siempre han sido puntiagudas, su ojeras, le gustan sus ojeras, eso es lo que le hubiese dicho. ¿Qué, qué quieres?

 

dadanoias123

 

La última vez que follamos, cuando terminamos, me pediste que te dijera algo bonito. ¿Te acuerdas? Sí, sí, la semana pasada, lo siento, no sé por qué te lo dije. Nunca me lo habías pedido. No, en serio, no sé por qué te lo pedí. Y yo no te dije nada. No, no pasa nada, se enrojece ella. ¿Por qué me lo dijiste? Supongo que porque me hago mayor. Sí, los dos nos hacemos mayores, pero yo no te dije nada, repite él con los ojos humedecidos. No, no lo hiciste pero no pasa nada, fue una tontería, dice ella. Quédate aquí sentada, no te muevas. Él se levanta y pone la lista de ‘Hotel Chevalier’, los dos se la saben de memoria pero hacía mucho tiempo que ya no la escuchaban. Empieza a sonar la primera canción de la lista, ‘Where Do You Go to (My Lovely) de Peter Sarstedt. Vuelve a sentarse en la silla, vuelven a estar uno frente al otro. Ay, suspira ella. No digas nada, déjame.

 

Ahora ella también lo mira a él, le deja. Su tupé castaño a medio peinar, sus mejillas a medio afeitar, su camisa a medio cerrar, su medio. Con esos pantalones rotundos, descalzo. Le encantan sus pies ahora, más que antes. Sí, nos estamos haciendo mayores, le repite de nuevo él moviendo un pie hacia sus zapatillas chinas y volviéndolo a apartar. Sí, dice ella. ¿Te acuerdas? Me acuerdo de ese día en el que me dejaste un libro, el de Martin Amis. Sí, tú aún no lo habías leído, qué suerte, pensé. Siempre esperaba los fragmentos subrayados, cuando aún subrayabas libros, le dice ella sonriendo como si volvieran al pasado desde este futuro. Ahora eres tú la que los subraya, contesta él sonriendo de soslayo, algo añorado. Sí.

 

‘Ain’t Nobody Home’, con esta canción te hice mi primer strip-tease, qué torpe fui. Me bloqueé, además no fue en nuestra casa, estaba celoso, quería ser yo el que era tu novio. Al final lo eres, no mi novio, mi amor. ¿Tan torpe estuve, verdad? Fue el mejor strip-tease que he visto en mi vida. Ella le mira el paquete y ve como aumenta, él se desabrocha el pantalón, es mortal. No sabes cuántas veces me he llegado a masturbar recordándolo. No me lo creo, se ríe ella. Él empieza a tocarse por debajo del pantalón, ella deja de reír. Ella intenta acercarse ‘para’. Siéntate, estate quieta. ¿Pero? Tú me descubriste a ‘Lisa Germano’, dice mientras empieza la canción, tú añadiste su canción a la lista. Sí, la descubrí en la revista, me tocó maquetarla. Quítate la camiseta. Ella se quita la camiseta y la coleta vuelve a deshacerse un poco. ¿Sabes lo que me gusta de ti?

 

¿Qué? Me gusta que sigas en tu mundo, que gimas cuando duermes y por la mañana no decirte que te he escuchado, sólo te lo digo cuando hablas pero no cuando gimes. Ella se enrojece, entonces empieza a sonar ‘Wicked Game’ de Chris Isaak. Creo que no podemos perder. ¿Qué quieres decir con ‘no podemos perder’? Suerte que no puedes hablar, dice él sonriéndole. La mira y observa como sus anchos pezones siguen en el mismo sitio donde los vio por primera vez, en aquellas fotos de Internet. Ella lo entiende y le mira recordando ese sabor a hierro que tanto le gustaba después de beber entre bares y bares, cuando aún no vivían juntos pero sí bebían juntos. Él se acuerda de esa foto que un día recibió con ella masturbándose en su honor, ella le mira y observa como su mano sigue tocándose a sí mismo. Estamos solos, cada uno de los dos sigue estando solo, pero te quiero así y te follaría siempre. Joder, esto es bonito.

 

Roy Orbison – Crying.mp3

 

 

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6 Comments on “Dime algo bonito

  1. Si, bueno cuando te escuché relatar unos cuentos casi me muero

  2. Virginia tal vez tu me puedas ayudar, le he escrito un email a la autora de este hermoso blog. Le dices que responda? O tendré que seguir condenado, no sé porque pecados en vidas anteriores, a escuchar esta canción que también es muy FUCK

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