Espido

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Hay una habitación llena de chicas que tienen hipo, todas tienen hipo. Por eso las han juntado y las han invitado a entrar. No se conocen en la vida real, se miran entre ellas, se siguen en Internet. Todas tienen hipo. Una de ellas lleva tres días así, a otra le acababa de venir y a mí, que también estoy dentro, me da un poco de vergüenza. No lo podemos controlar, la mayoría cerramos la boca y contraemos el abdomen en forma de espasmos, cortos y compulsivos. Se hace tarde.

 

Tengo hipo desde ayer y me duelen los abdominales. Miro a las otras chicas. Leo el gran artículo sobre ‘Brujas del nuevo Milenio’ que Elisa G. McCausland publica en Diagonal Culturas. Me toco el cuello, hasta el corazón, hasta allí llega el espasmo. Recito de su artículo:

 

“Una chica se convierte en mujer cuando define su propia vida y deja de ser controlada por su familia, su novio o su jefe. Cuando aprende a levantarse y luchar por sí misma y por otras mujeres, porque ha aprendido que sus problemas no son únicamente suyos”.

 

A medida que se nos va yendo el hipo las chicas van marchando de la habitación, ya sólo quedamos tres. Tengo miedo de ser la última, o de que me dure tanto como en el cómic de Old Boy. Respiro con el estómago, y una lágrima recorre mi garganta mientras las otras dos chicas optan por sentarse en el suelo, cada una en el borde de una pared distinta. Yo también debería, nos miramos, y una de ella sonríe. Es ella.

 

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