Hazme de gato

gatuna Hazme de gato

 

Llegas a casa, te doy un papel con normas. Te digo que no digas nada, que lo leas y que si aceptas las reglas de esta noche pases al comedor o me devuelvas tus objeciones en un papel, y me lo des en mano. Yo estaré esperando en la silla del comedor, la del rincón, escuchando Eartha Kitt y haciendo trapillo. Entonces, coges mis normas y las lees. El tiempo se me hace infinito, hago una alfombra para mi jirafa de Copenhagen. Te quiero tanto que quiero jugar, estoy ya un poco mojada. ^–*_¡Espero que aceptes pero no me atrevo a pedírtelo porque ya lo he escrito!

 

Entras a cuatro gatas al dichoso comedor, te acercas a mí, me sacas los calcetines y me lames lo pies durante un rato eterno, mientras te miro, dando las gracias por dentro a que hayas aceptado el juego en sí. Al rato, cuando sigo sin decirte nada pero respirando más fuerte, te me quedas mirando con tus pupilas dilatadas de gato abu-joven y te coloco la correa que he comprado especialmente para hoy, para tu noche. Te llevo, te coloco en el sofá. Te descalzo, te hago la pedicura con mucha elegancia y te pinto las uñas de negro. Ahora empiezas a ser más gato, pensamos los dos. Creo que te está gustando, y eso me pone más.

 

Eres mi gato. Hoy eres un gato y yo te quiero mucho. ‘Ya puedes caminar de pie’ – te digo mientras caminamos hacia el dormitorio y te exijo que te sientes en medio de la cama. Allí, te sirvo una copa de vino, para mirarte. Para mirarte, y mirarte, te voy sirviendo vino, pongo música, y aunque lo bebas despacio (demasiado para mí)  imagino que lo lames. Cuando ya está, yo también bebo contigo. Cojo una cuerda de trapillo negro y te ato a una asa de la cama, te ato los tobillos fuerte. Las diez uñas negras ahora son mis pezuñas. Me chifla, te lamo muy lentamente, te quiero. Y tú gimes un poco. Hueles a pintauñas contigo mismo.

 

Entonces te giro bocabajo, me pongo de rodillas sobre ti, y me coloco como me da la gana. Sólo tienes un brazo libre y lo agarro fuerte para que notes mi fuerza sobre ti, para que no me toques tú, lo mucho que te deseo ahora es mío. Lamo tu columna vertical, me regalo en sus costados, te respiro, te olisqueo. Y empiezo a masturbarme encima de ti, aunque no puedas verlo bien, estoy muy puesta. Hasta correrme encima de tu culo, mojártelo entero, encharcarte todo el trasero. Para luego poder agarrarte bien por el culo, con mis propios dedos, así es como quiero follarte hoy, como lo había escrito antes. Pero eres tú él que entonces se gira sin quitarme los dedos de ti, me miras, y gimes ya de placer. No tienes derecho a hablar, sólo a gemir. Después de tanto tiempo esperando esto, peleados como gatos en celo, no vamos a hablar ahora. Nos reímos a la vez, después de tu primer orgasmo en mi vientre y el segundo mío encima de tu entrepierna, sonrojados los dos. Con kleenex de gusto.

 

 

 

Palabritas clave del post:

  • hasme gemir
  • esta noche te ato a la cama
  • esta noche te doy
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6 Comments on “Hazme de gato

  1. Pingback: Los textos se hacen realidad | dadanoias

  2. Acabo de tropezarme con esta foto: maravillosa. Descarnada y sexi a la vez. Una promesa de goce, con esos pezones asomando timidamente, y un crudeza inesperada en esa piel no se si tersa o un poco seca. Dan ganas de taparte hasta que llegue la sonrisa que sin duda llegará… Y luego destaparte de nuevo y comprobar si la sonrisa ha llegado a esas islas oscuras que asoman en las dunas de tus pechos… No sé si leeras esto Marta, pero eres una mujer hermosa…

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