El Silenci

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Acabo de terminar ‘El Silenci’ de Gaspar Hernàndez, con la casita de Perdita y su incienso de caramelo diluyéndose entre las vistas de cercanías, al lado de la mesita de la terraza, una taza de té rojo y el concierto de Hooverphonic con orquestra de fondo. Lo más hermoso de todo ha sido despertarme cuando aún era de noche, últimamente este acto se ha convertido en algo relajante para mí, me despierto a las cinco y media de la mañana desde hace dos semanas y me gustaría seguir haciéndolo siempre a partir de ahora. Para estar sola, escribir, reflexionar y no siempre pensar, aunque sólo sea para respirar. Sola, otra vez sola, separada de ‘lo normal’. Intentando sentir el frío de la mañana con todo mi cuerpo, viendo amanecer y salir esas nubes que Gaspar describe como pensamientos de un cielo superior. Porque los conceptos, como a el mismo autor le sucede, cada vez me interesan menos, al igual que la voluptuosidad de los pensamientos, que a veces poco tienen que ver con nuestro yo verdadero. Repaso la serie de ayer y me gusta ese blanco frío que siento, casi sin forma. Recrearlo sin darle muchas vueltas.

 

Respirar con las costillas, con la barriga, con las rodillas separadas. Este año quiero vivir como si cada dos días fuese el penúltimo. Hacer realidad mi collage, aprender a estar sola conmigo misma. Como en el Edén de Hooverphonic. Permitirme rituales salvajes, seguir con mis páginas matutinas, quemar un Kleenex en el ascensor. Usar la tarjeta de CatSalut como Visa. Porque siento que al fin he salido de mi estado de shock, aunque esto luego conlleve su luto, aunque corra el riesgo de cambiar para siempre. Cada día cambiamos para siempre. Y este ha sido mi regalo de hoy, lo que no se puede tocar. ¿Sabíais que el único órgano del cuerpo humano que no puede coger cáncer es el corazón?

 

Ayer, como ritual, me depilé con cuchilla. Hacía años que me negaba a hacerlo, porque siempre usaba cera tibia. Lo hice expresamente, como si en realidad fuese más que un acto estético, o de sumisión corporal femenina, intentando sentir cada pasada de la cuchilla por mi piel, como si así me liberara de ciertas células que ya no me corresponden. Al salir de la ducha me acaricié con aceite de argán por toda la superficie de mis piernas. Disfruté de mi antiguo momento favorito del día, el de estirarme en la cama para mirarme lo pies, y decidí hacer una nueva serie. Con las dos cuchillas como piernas. Sin ningún rasguño. Hice la serie de autorretratos, aceptando lo que sentía y a sabiendas de que no sería dulce para los que me están ayudando, pero entonces lo vi. Esa sí era yo ayer. 

 

Canción del post:

 

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3 Comments on “El Silenci

  1. Ese vestido conjugado con el pie del microfono es como entrar en el laberinto diseñado por Saul Bass para vértigo

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