El año pasado en Marienbad

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Siempre he vinculado los jardines al inconsciente, con aquellos lugares que nos llevan de lo idílico al más puro delirio, aún y su artificialidad racional. Estados que, aunque sean bellos, necesiten de la existencia humana. Pasear por un jardín es un acto de búsqueda, más allá del placer o el desconsuelo, y tal vez también un acto algo burgués. Sobre todo en los cuentos contemporáneos, las historias de amor o los cementerios donde acabamos siendo enterrados. Muerte. ^—^_¿Qué pasará con el jardín, quién lo cuidará?

 

Desde los jardines botánicos, los japoneses y los de los palacios franceses. Como si paseásemos sobre el asfalto de unos arbustos demasiado altos y bien podados, pero con nadie recortándolos en ese preciso instante de la geometría. Solos, o con una bolsa de plástico en la mano. Un laberinto terrenal, un viaje espacio-temporal, un ‘nunca siempre’ del alma. En Francia hay muchos jardines.

 

Intento recordar los jardines más bellos que he visitado, y ninguno es del todo real (a excepción del de la Casa Azul de Frida Kahlo). Como el de Bouvard et Pécuhet, el de Alicia en el País de las Maravillas, los de los cuadros de Monet, o tal vez el que más me ha impactado en la vida, el de la película francesa de Alain Resnais: El año pasado en Marienbad.

 

 

 

Ahora estoy en un jardín.

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3 Comments on “El año pasado en Marienbad

  1. El jardín de la Fundación Lázaro Galdiano es precioso, y recomendable, aunque siempre será mejor aquel en el que se perdió Alicia en el País de las Maravillas.

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