Oct
30

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Acercarse a los 40

Acercarse a los cuarenta tiene sus bondades. Ahora, por ejemplo, cuando formo parte de un instante de felicidad soy más capaz de identificarlo, aunque sea a modo olfativo, táctil o miedoso. Ser feliz y dar las gracias por ello, o pedir perdón en un momento estupendo, o temblar de lo contenta que estás, también se convierte en amar. Luego, está el disfrute, el disfrute del arte contemporáneo de los noventa, del erotismo sonoro, de la lectura en voz alta, del ruido de fondo, del buen sabor. El disfrute de un cable en su madurez primera. La curiosidad se vuelve más reflexiva y la prisa su paciencia, mientras decides volver a errar antes de encontrar la pregunta. Eres más compasiva y el humor toma rasgos místicos, halloweenenses. Ya no soy capaz de negar lo indemostrable, de atravesar la caja sin pensar en nuestro vivir de Schrödinger. Cuando te arreglas, y te miras al espejo, y te peinas, no eres tan dura contigo misma, aunque a veces da miedo, buuu, gracias al dolor de piernas. A pesar de lo que ya no recuerdas. Prefieres los buenos jabones a las buenas colonias, las almendras a los ganchitos, el deseo a lo que no fue. Y, además, cuando te acercas a los cuarenta eres mayor para no morir joven y lo suficiente joven para no despedirte de todas, pero le sonríes al filtro. Y ya, ya no piensas en incondicional. Pero, lo mejor, lo más precioso de acercarse a los años cuarenta, a los cuarenta, es que la sencillez se abre camino en ti. ^—*_¡A continuación la poesía del día, de Pau Riba!

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Oct
29

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El dedo anular

Hoy me pregunto si nuestras vidas han cambiado para siempre con esto del covid, me lo pregunto también a nivel amoroso. Me quedo en silencio, ¿todos hemos sentido este nudo desde la ventana a lo largo de la pandemia, verdad? Llevo todo el día tarareando a Tom Rosenthal y su ‘It’s Ok’, me duele Saturno, y escribo con nueve dedos libres y uno vendado. Intento ser feliz, aunque sea viendo gags de los Monty Python, o amando más allá del ahora, sin pensar mucho en el futuro a largo plazo, sin pedir lo imposible, y viviendo con ganas aunque me tema aislada. Siempre fui una niña solitaria, cariñosa, absurda, y supongo que esto se ha acentuado con el confinamiento, días en los que dormir sola ya no es nada raro, como un mono con anorak. Me corté un trozo de dedo rayando patatas para cocinarlas a lo pobre, con la mandolina nueva. Cuando llega la noche, a veces, imagino cómo sería mi vida con una renacuaja o un renacuajo por aquí, aunque supongo que esto también me pasaría por la cabeza sin la maldita pandemia, y me pregunto cómo sería esta noche si blabliblú, y me quedo en silencio. De nuevo. No voy a idealizar, no voy a desvalorar, me digo. Ay, a veces, creo que escribo cada día porque lo intento. It’s Ok. ^—*_¡A continuación del post la canción que no se me va!

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Tom Rosenthal – It’s OK

Oct
25

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Las llaves de Duchamp

No sabía que sobre las cenizas de Marcel Duchamp dejaron sus llaves, ni que con la edad acabaría siendo fan de la limpieza y los lazos. Cuando era pequeña pensaba que la etiqueta snob, que me sonaba a snop, venía de Snoopy; y que las canicas eran un elemento más, natural. Los cánons, las sinfonías, las conversaciones cultas, me hacen feliz. Butifarra con manzana, panallets, mi amiga Perdita, las canas. Últimamente veo manchas negras al mirar, debería de ir al oftalmólogo. De adultas seguimos teniendo creencias cósmicas, absurdas, letales, lo que pasa es que se nos pasa la vida al recoger lo demás. Duchamp se enamoró de una mujer casada, una mujer de franela, una mujer que no quiso dejarlo todo por él, y murió así, con la puerta cerrada y un visillo sobre su cuerpo en llamas. Terminaré el calendario este martes y lo mando a imprenta para compartir, el de 2021 será un año martillo, madera y metal, un año pseudónimo. ¿Quién soy desde mi pasado? Si pudiese entrar en la puerta de Ted Chiang, para verme desde el futuro, me diría que vale. Vale, es el comodín. Una cosa que adoro de Marcel Duchamp es su aburrimiento ante la pulcritud artística y que, a pesar de su futurismo, siempre respetó a su amor del cristal. Arriba, en la cuarta dimensión. Y que pasaba de la fama, del cetro, y bromeaba sobre lo más esencial, para poder entenderlo mejor. Fue un buen hombre, un buen artista, un charming man, fue la vida. Frida durmió en casa de su hermana y yo tendré que viajar hasta Chile para dormir con la mía. Las heridas de Duchamp, el amor romántico desde la inteligencia, la soledadá. ¿Quién soy desde mi futuro? Unas llaves de párking y medio ciega de amor. ^—*_¡A continuación la canción del día, de Joan Miquel Oliver!

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Rumba del Temps:

Oct
23

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Con gafas de celofán

¿Qué araña es esta? Quiero que las gafas 3D vuelvan a ser lo más pero no colaría. Azul, rojo, y blanco y negro. Estoy descongelando el frigo por lo que, en cierto modo, he parado el tiempo hasta mañana. Hubo una década en la que el cine con gafas de celofán era moderno, ir al Imax, soñar en tu vida adulta, no reciclar. Paso un trapo caliente por los cajones del congelador y le doy al soundcloud, bailo música indie mientras pienso en ti, en la imprenta, con pequeños gritos y sintetizadores lineales, sentada sobre la pista de lista, es viernes y quiero ser feliz con el cuello, pero no puedo. No soy una ameba fácil, otro chiste, otro con el que apostar por un libro. En un chubasquero de encaje. Esta tarde, he andado hasta una plaza lejana junto a mi amiga Perdita y he vuelto, y daría lo que fuese porque fuese 2019, y maquillarnos de rojo, la una a la otra, y salir hasta que nos doliese el reloj de muñeca. Mañana será ayer y ahora mismo, mañana hemos quedado para comer y ver una peli con manta, somos burbuja. No escribo, paro, esto tampoco, y coso. Pongo el calefactor, como galletas mikado, y echo de menos cualquier cosa peligrosa que no sea un maldito virus. El hielo deshaciéndose en el planeta, en mi vida, en el suelo de la cocina, en nuestro marco vital. Soy cursi y aún no he logrado dejar de fumar porque vivo en una ciudad mediana. Y nací en los ochenta, y me crecieron los pechos en los noventa, y las canas just now, en 3D. ¿Tú qué tal? Las agujas de coser, las agujas del reloj, las que siento en las piernas cuando intento parar de hacer chistes azules. Estamos en el principio de nuestra extinción, ¿verdad? Pronto cumpliremos cuarenta, y hacer el baile de goku en un frame perdido, viva la pista. ¿Sabéis lo que daría por un cable sin conector? Es lo que hay, el principio y el final, digo. Pero esto no es un déjà vu, no es lo que iba a pasar, y estoy hecha un nudo, y soy una arañita mona. Que si mi tocase, la lotería, el mundo seguiría mal. Voy a ver, voy a ver si las toallas que he puesto debajo del frigo están demasiado mojadas. Una araña a lo Louise Bourgeois, una silla sin bar, una pregunta animal. ^—*_¡A continuación la canción del día, la que estoy bailando just now!

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Run River North -Spider:

Fino y Personal

Acercarse a los 40

viernes, octubre 30, 2020

Acercarse a los cuarenta tiene sus bondades. Ahora, por ejemplo, cuando formo parte de un instante de felicidad soy más capaz de identificarlo, aunque sea a modo olfativo,…

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El dedo anular

jueves, octubre 29, 2020

Hoy me pregunto si nuestras vidas han cambiado para siempre con esto del covid, me lo pregunto también a nivel amoroso. Me quedo en silencio, ¿todos hemos sentido…

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