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Feb
27

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Enhebrar la vida

El dedo anular ha comenzado su camino hacia la deformidad, al pasar tantas horas cosiendo los hilos se entrelazan con el deseo. En mis manos, siento el amor por la costura de mi abuela y de mi querida madre, la artrosis deformante de mi abuelo, la profunda voz de mi padre. Sé que es un proceso largo, que me quedan años hasta que mis dedos estén tan deformados que ya no pueda enhebrar una aguja, y no estoy triste, no es eso. El deseo de vivir, de justicia, de calma, de volver a bailar. Así que sigo cosiendo, y siento la fortaleza de mi hermana mayor, de mis amigas, de mi perro al andar con tres patas. Somos tan vulnerables, tan corales, tan hermosos. Solo es que al coser, al observar como mis dedos empiezan a dejar de ser rectos y mi rostro envejece ante los treinteinueve, le doy la bienvenida a un agradecimiento nuevo. Los miedos cambian, como cambian las gracias y nuestra manera de intentar ser felices. ¡Qué suerte co-ser!, le digo a mi madre por teléfono, mientras lloro al ver ‘Las niñas’ de Pilar Palomero. Porque un día, sin saber cómo, tu cuerpo cambia y entras en un nuevo estadio, social, emocional, artesanal, y de una intimidad creciente. Definitivamente, estoy entrando en una nueva etapa, o así lo siento, y aunque tengo mucho miedo también siento una calma nueva, nuevos miedos, nuevas preguntas, nuevos dormires. Sí, sí creo que esta pandemia nos está afectando a todas y todos, pero qué fortuna y qué dureza es crecer aunque se nos retuerzan los dedos. Desear amar, crear, aprender, a eso me refiero al coser. Porque al seguir la vida, con dedos rectos o retorcidos, una se enhebra al amor. ^—*_¡A continuación la canción del día, a la vida, de María Arnal!

Maria Arnal i Marcel Bagés – «A la vida»:

Feb
17

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El fin de la juventud

No sé si es normal, pero siento, más que nunca, el fin de la juventud. Vivo mi adultez con cariño, respeto y paciencia, aunque no siempre con alegría. Supongo que una, a pesar de saber desde hace muchos años que no podría tener hijos, no deja de sorprenderse a sí misma al imaginarse como habría sido su vida si tal y cuál, hasta que me digo ‘prou’ y vuelvo a esos quehaceres vitales en los que me da por crear. Últimamente me cuesta quedar, contestar mensajes, leer más de una hora seguida, y dejarme ayudar. Paso la mayor parte del tiempo a solas, y no lo digo como algo triste porque soy una mujer muy introvertida y que aprecia mucho su espacio, pero me preocupa la desconexión que siento hacia el exterior. A pesar de ser consciente de la suerte que tengo, siento el fin de mi juventud, de una etapa en la que fui bastante feliz, de una etapa en lo que no fui tanto. Suspiro y sigo, suspirar y seguir. ¿Por qué pienso tanto en lo de no haber podido ser madre?, me da mucho coraje no poder evitarlo, no poder llevarlo mejor, tener que aceptarlo y hacer ver que me da igual cuando en realidad me duele. Y, si os soy sincera, que lo soy, me da mucha pena despedirme de ciertos sueños de juventud, pero también creo que es bueno saber decirles adiós, aunque este adiós no sea del todo alegre, ni cordial, ni súper estipulado de dado. La pandemia tampoco ayuda. Y, me preocupa perder la ilusión por seguir soñando, por idealizar el Instagram de todas las mujeres  de mi edad que dedican sus redes sociales a la maternidad máxima, no quiero caer en el condicional bobo, ni en las fachadas falsas que nos crea lo que no vemos o vemos desde lo que no fuimos. Tampoco es que me anime mucho, y sigo en casa con un dolor tremendo de ovarios tras una operación de emergencia, y no contesto a nada, y me siento en el balcón, y paseo a Obichuelo Cabeza de Mochuelo, mientras me anima saber que al menos las pruebas médicas siguen su curso sin el mercurio letal. Las enfermedades se acrecentan al hacernos mayores, también las de nuestros amores, estas son las que más me duelen aunque nunca vaya a escribir sobre ellas por aquí, por intimidad, por respeto. Ay, supongo que hay que aprender a lidiar con ellas, malditas y oscuras, aunque sea volviendo a casa como un gusanito de seda que no se convertirá en mariposa. Estoy triste, pero la idea de ser un gusanito me anima, porque lo imagino animado, rollo Totoro en formato mini. La verdad, hago lo que puedo y muchas veces me culpo por ese poquito de no poder más sobre lo que no puedo, y desde aquí me disculpo ante mis amigas y amigos íntimos, por no ser capaz de más, por la ausencia. No sé si es normal, pero estoy asustada y muy cansada, y de verdad que mi modo ‘pause’ es for real. Que un adiós siempre viene seguido de una hola, ¿verdad?  Así que esperarme, jolín, por favor, que os pienso con amor y culpa, pero no es que no os quiera aunque esté fallando, no es eso. Que ya sé que es muy raro pero volveré a estar en cuánto pueda volver, y ese día café. Están siendo unos días difíciles, solo es eso. ^—*_¡A continuación la canción del día, senza un perche!

Senza Un Perche Subtitulada al Español

Feb
9

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Pongo de dónde me pongo

Ayer, mi madre, mientras hablábamos por el móvil, me dijo que me tenía que colgar porque no encontraba su teléfono móvil. ¡Qué os voy a contar tras casi un año de confinamiento! Así que me paso los findes viendo youtubes sobre decoración minimalista, limpieza, y autoestima estoica. ¿Dónde lo pongo? Ya no me queda ni uno por casa y, en el fondo, esto le quita el mojo. Mamá, pero si lo tienes en la mano, le digo mientras nos da un ataque de risa y luego se pone seria para preguntarme si también voy a descartar sus creaciones de barro. ¡Eso no son pongos mamá, eso es amor! Ahora mismo estoy derrotada, aunque siga sintiéndome afortunada y no me parezca horrible que mi casa empiece a parecer un hotel, joder qué no-absurdo todo. Mamá, te quiero mucho, le digo cada noche hasta que se olvida de que soy una voz. Llegados a este punto, me pregunto qué fue de esa ilusión por el absurdo aberrante, por el kitsch de Robert Venturi, y por la vida eterna. Como la trucha al trucho, te quiero mucho, le digo. ¿Y si yo también soy un pongo? Siempre metida en casa, con toque de queda, con miedo, creo que con un virus o troyano en el imac que no tengo pasta para sustituir, y con esas diminutas pero grandes ganas de ser feliz a pesar de qué mierda todo, pero no ahora. Recuerdo cuando empezó todo, con el robot del presi en la tele, pero a la vez empiezo a olvidar la inocencia del antes. Suspiro por el ante. Cultura es vivir, es amar, y también es darse cancha para seguir pensando que de algún modo esto también pasará, hasta nuestro teléfono móvil. ¿Sabéis que os tengo mucho cariño? Todo, absolutamente todo, rima. Cucurucho.^—*_¡A continuación la nueva canción de Maria Arnal i Marcel Bagés, Fiera de mí!

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Maria Arnal i Marcel Bagés – FIERA DE MÍ ->

Feb
1

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Nada sucede dos veces

Da cierta paz que este febrero de 2021 empiece en lunes y termine en domingo. Porque, aparte de su nítida cuadrícula, limpiar la tarima de madera de la ducha se ha convertido en un tangram de buenos días, fastidioso y don limpio. Nada sucede dos veces, necesito recordar este mantra mientras intento sonreír sin dientes, aunque sea con los pies y sus zapatos a juego. Paseo a Obi mientras lo intento, compro una barra de pan de cuarto, y no cojo el ascensor a la vez que el vecino del quinto. Luego, he recuperado la vieja tablet para ver pelis de fondo mientras le doy al pedal de costura, con la ilusión de un cachito. Echo de menos a mi familia y me informo de que en Chile llueve demasiado, mirando por la ventana, me vuelvo una piedrecilla. ¿Sabéis? Nunca me toca la Bonoloto, ni por un euro al día, como mucho el reintegro y ni gracias, pero me anima pensar que tal vez un día, al ser cada día único, sucederá y todo sería un poquito más medio fácil. Por la tarde, he roto tres agujas alemanas cosiendo cremalleras, las tres de modo distinto. Miro a Córcholis, el trozo de madera con el que me topé en la playa este junio, ese que luego fotografié para el calendario de este año, nuestro único 2021, este en el que un no-abrazo también es abrazo. Ahora mismo, acaba de irse el técnico de la lavadora vestido de azul marino con manchas, para confirmar que tendré que cambiar su escotilla, la goma. Nada sucede dos veces, pero déjenme soñar, pienso mientras cierro la puerta con llave y agradezco que, por lo menos, existam 28 días. Nada sucede dos veces, pero mañana es el día de la Marmota. ^—*_¡A continuación la canción del día, el poema ‘Nada sucede dos veces’ de Wislawa Szymborska!

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ES

Wislawa Szymborska leyendo su poema «Nada sucede dos veces»


Fino y Personal

Enhebrar la vida

sábado, febrero 27, 2021

El dedo anular ha comenzado su camino hacia la deformidad, al pasar tantas horas cosiendo los hilos se entrelazan con el deseo. En mis manos, siento el amor…

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Mi madre y la rellamada

domingo, enero 17, 2021

«Te tengo que colgar porque ya no sé que más decirte», como si me fuera a dejar, mi madre tiene frases lapidantes cuando se despide por el móvil,…

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