nov
28

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Touché!

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Al coser el tiempo pasa muy distinto a nivel táctil. Hoy me ha dado por pensar en el fieltro de lana como piel, en la piel. Escuchamos, sentimos tanto a través de ella que no deja de fascinarme. Es cósmico, me viene a la cabeza esta obra de Sophie Calle (no sé si tiene relación explicable). El orgasmo de corazón. La de todos y la de otros, cuando se crea una unión que va más allá del principio o del fín. Abrazo es una palabra que me encanta: A-brazo, abra-zoo. Abrazar con las piernas, con las rodillas, con las uñas y los dientes. Desde las gracias. Un pecho, un cactus sin casi púas, un disfraz, un gesto de cariño con pinzas, una sonrisa demasiado real. Es pura fantasía, tocar y sentir. Abrazar a un ser vivo, a un objeto vivo, a una canción que recuerdas o que escuchas por primera vez siempre. Se dice que el tacto es el sentido menos explorado por el ser humano contemporáneo occidental, al ser el sentido más íntimo, el más espiritual, el más sexual. La música, el arte, tiene algo de táctil que me hace realmente feliz. Los muñecos, el pelo. El amor es extremadamente táctil. Un perro Oberón restregándose entre tus piernas. Cuando subes unas escaleras, tranquila, y tocas la barandilla y te sienta bien, o no tan bien, antes de entrar o de salir. Creo que este otoño está siendo especialmente erótico en mi modo de tocar y ser tocada, creo que estoy aprendiendo cosas nuevas que no son ya ni intelectuales, de tan energéticas y libres. Es como si hubiese una sabiduría que no tuviese palabras, que sólo se pudiese tocar. No os voy a negar que estoy fascinada con este tipo de conocimiento al que antes no era capaz de llegar o de sentir como ahora. Supongo que influye estar aquí y supongo que con este post, a la vez, parecerá que estoy un poco flipada pero os prometo que lo que estoy es agradecida y flipada a la vez. ^–*_Touché! Read More

 

10 sensaciones táctiles de este otoño final:

 

1) La barriga de mi madre ahora, con 65 años. Se la toqué de improviso y sentí que también la seguía amando allí. Ella dijo algo sobre michelines pero yo adoro ese tacto de su cuerpo y le sonreí con amor.

 

2) Las piernas con aceite de aloe vera.

 

3) La voz de mi vecino al alegrarse de ver a Obi y pedirle que se subiese a su silla de ruedas, como tanto les gusta a ambos. Puse la mano disimuladamente entre ambos y fue muy guay. Ellos no sé ni si lo notaron, fue muy metálico, tierno, humano, perruno y parte del edificio.

 

4) Me toqué el pis. Prometo que luego me lavé las manos. Esto no se dice.

 

5) El tacto del teléfono cuando muevo el dedo sobre él, parece inhumano y no lo es. Pensé en Siri pero no le dije nada.

 

6) Pasar la lengua sobre TODOS los dientes.

 

7) No moverme ni un milímetro. Totalmente desnudos. A oscuras, sin luz, sin música, sin nada en la boca, sin pensar.

 

8) Observar con la piel, imaginar con la piel. He dejado de dormir con el nórdico y he vuelto a las mantas con sábanas de algodón fino. No sé porqué pero me siento más.

 

9) Las barritas de la ‘f’ y de la ‘j’ en el teclado, al no mirarlo. Todo lo que el tacto, y el corazón, ha dejado en sus teclas estos años. Me da pena cambiarlo porque es un modelo que ya no fabrican y que adoro a nivel táctil. Pero está ya demasiado, demasiado.

 

10) Esto:

 

 

nov
23

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Algo extraordinario

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¿Queréis que os cuente algo muy íntimo y espectacular que me ha sucedido? Me da un poco de vergüenza pero es que lloré de emoción, abracé a mi ginecólogo al despedirme, brindé con la familia. El hecho es que a los 18 años me diagnosticaron endometriosis (muy activa) y, después de más de diez años conviviendo con la enfermedad y el dolor que supone, la semana pasada, ya pasados los treinta años de edad, como por arte de magia, mi ginecólogo me explicó súper sorprendido que ya no tengo ningún síntoma ni signo de la enfermedad en mi cuerpo. No se lo podía creer y eso que es un gran profesional, explicándome que esto no sucede casi nunca jamás, pidiéndome el uso de mi historial y ecografías para sus clases en la Universidad. Ante su asombro, el nuestro, me preguntó si algo había cambiado en mi vida este último año y medio. Y sí, le dije que sí. Que hace justo un año y medio, cuando tenía esos dos quistes endometriales en los ovarios, uno de casi 5 centímetros al que le dimos un año para entrar a quirófano, empecé a superar de verdad una gran ruptura amorosa, decidiendo además dejar el trabajo tan estresante en el que estaba, hacer un cambio de vida bastante radical a nivel laboral, y con ello un cambio también a nivel social. Le hablé sobre la tranquilidad, el amor profundo que siento por la costura, por una nueva perspectiva, y el buen humor que me acompañaba últimamente. Un trabajo personal grande. También le expliqué cómo es mi vida ahora y cómo era en las últimas ecos. Me escuchaba, anotaba algunas notas, sonreíamos. Todavía no hay explicación, no hay estudios profesionales sobre el tema, pero está claro que alguna relación debe de tener, pues es tan raro como cuando un tumor desaparece de golpe. La magia existe sólo si crees en ella, se me pasó por la cabeza al llegar a casa y ver la de plantas que habitan hoy en día conmigo. Por primera vez en mi vida, y lo digo con lágrimas en los ojos, por primera vez no lloré de rabia o tristeza en su consulta sino de amor. Es íntimo, pero es tan bonito que me ha hecho ilusión compartirlo. ^–^!_¡La frase de Chesterton se ha hecho realidad!
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Canción que me acompaña:

 

“Los cuentos de hadas son ciertos, no porque nos hablen de que existen dragones, sino porque nos dicen que podemos vencerlos”. – G.K. Chesterton (Ortodoxia)

 

 

nov
15

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En los hayedos

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La armonía está cerca, nos roza. Las hojas de los hayedos en otoño. La Fageda d’en Jordà. Este lunes subí un volcán, comí mandarinas en el cráter, perdí las gafas de sol al estilo Willy Wonka, conocí a la perrita Trufa. Mi mochila llena de muñecos, un burro de verdad, el ego con tupé, el ruc català, la ovejita de Norit, fotos y juegos de luz entre las piedras volcánicas y el musgo. La Garrotxa es demasiado preciosa. Sé que estoy un poco ñoña pero no quiero disimularlo, es otoño. Si venís a Catalunya, ahora, visitarla con curvas. Aunque haya setas negras y blancas, a lo Tim Burton, aunque lo hayas pasado mal o estés mejor. Yo no podría coser sino fuese por esto. Una oportunidad a la vida, a los árboles, al hayedo. La primera vez que te sientes siempre, la de rojos, amarillos y verdes que se van. Creo que llevaba toda mi vida soñando en este déjà vu real. Enamorarse es esto, es sentirse cerca, muy cerca. Sigo cosiendo, probando nuevos fieltros y formas, suspirando al irme a dormir y avisar a las demás criaturas y decirles eso de que… ‘El peluche se va al estuche’. Cada vez más cerca del final y del principio. ¿Vosotros qué tal estáis? Supongo que al hacernos mayores también nos sentimos más cerca, os imagino hermosos. ^—*_¡Ay!

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10 sensaciones que anoté en la Fageda d’en Jordà:

 
1) El arte de la naturaleza como sublime, como verdad nuestra.
 
2) Los recuerdos de infancia ante un futuro lejano, palpable.
 
3) La educación de los árboles al rodearlos.
 
4) La timidez de los animales simpáticos.
 
5) El cuerpo como ser vivo, ay.
 
6) Los desniveles de un volcán al comer.
 
7) La risa como amor.
 
8) El sentimiento de ‘estar’ al dejarte llevar.
 
9) Las señales de un camino al cerrar.
 
10) El día siguiente y un recuerdo, todo junto.

 

 

nov
8

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Dadalí

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Llevo casi una semana diseñando y cosiendo ratones, de la tribu Pérez. Como los conejos de David Lynch pero con saltos que son andando, de andar por aquí, de gracias, de ‘be thankful’, y plás. Al final de este post he escrito una lista ‘surrea-lista’ de 7 cosas ratonciles. Ay, lo pienso, y siempre me he sentido atraída, casi enamorada, sin querer, por personas con expresiones de ratón, con nariz de ratón, con timidez de ratón, con lírica de ratón, trazo, poesía, y eso. Esto es así. Aunque luego está la gran excepción gatuna, ya, esa que es ‘ya’. Y así, también. Ahora voy a coserles sus mochilas con forma de diente a los ratones, sus casitas en lata, y supongo que en una o dos semanas los subiré a Etsy. Mi estudio, que es mi casa, empieza a parecer una tienda de juguetes, muy pequeñita de tantos muñecos, seres que cobran vida, en su interior, y al hacer uno y dos, uno-dos, un-dos. Un lugar en el que es poco posible sentirse Dalí y sin embargo allí está. Hoy, mientras cosía y me sentía un poco sola, muy sola, he levantado la vista y me he dado cuenta de que no. Seres maravillosos, miedos y frío, abrigo de otoño, colores coral, azul marino y rojo. Es una combinación, entre lo mágico y lo que hay hoy, uno nunca gana al otro al ser amado y amar y así en cadena, la realidad mágica, es recíproca, esta sería mi definición de ‘artesanía’. El tiempo del otro lado, desde y del, EN. Cuidar, esta sería mi definición.^—*_¡El tiempo y los ratones y su extraña combinación con el cuidado! Read More

Lista ‘surrea-lista’ de 7 cosas ratonciles:

 

1)La cola de un ratón como el bigote de Dalí. Dadalí.

 

2) Un wonder-bra que en lugar de subirte el pecho te lo acariciara suave durante el día, muy suave. Como en una canción de Julieta Venegas.

 

3) Un galguito, cabeza lápiz, que se sintiese chato y pequeño. Él no se ve.

 

4) Un ‘me gusta’ que fuese una declaración de amor en toda regla. La excusa para empezar, ¿qué es sino un click? Aunque no fuese la intención.

 

5) Que tu amante te regalase un teclado nuevo, uno del que nunca hubieses usado sus teclas antes. Un amante de antaño y nuevo. Posesivo pero no. Un teclado sin cenizas. Para ratones.

 

6) Crear un lema que no tenga mensaje pero sea de corazón. Como, por ejemplo, sería ‘Parece un lugar’.

 

7) Acordarnos de los huesos cuando nos duele el corazón.

 

 

Erótico

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